PINTURA
Manuel Sierra, el artista ubicuo
El pintor lacianiego despliega su retrospectiva ‘Marcas del tiempo’ en el Museo de León, en la Fundación Vela Zanetti, en el museo de Gordoncillo y en la galería de arte Bernesga.

Imagen de archivo del artista leonés Manuel Sierra. MIRIAM CHACÓN
Manuel Sierra no cree en las casualidades. Sin embargo, después de que el Museo de León le ofreciera el edificio Pallarés para una retrospectiva, se le cruzaron otras dos propuestas de la Fundación Vela Zanetti y del Museo de la Industria Harinera de Castilla y León (Mihacale) en Gordoncillo. Al final Marcas del tiempo será una exposición ubicua, que se desplegará en los tres museos y, a partir del 2 de agosto, también en la galería Bernesga.
Con una pintura que escapa de etiquetas, el artista ha seleccionado la obra más representativa de su larga trayectoria. Cuenta que siempre ha tenido la prevención de reservarse dos obras en cada exposición; aquellas que considera más especiales. Es así «como al cabo de los años tienes una colección». Posee más de 400 obras propias.
En los últimos años ha hecho varias retrospectivas, en Francia y en Soria o Cáceres, donde su biografía artística se cuenta más o menos resumida, en función del espacio. A él lo que le interesa es «mostrar la trayectoria de un oficio, no si las obras son mejores o peores, aunque sí creo que son sinceras y entretenidas».
Marcas del tiempo, que mañana abre sus puertas en el Museo de León, engloba un periplo por esas obras «invendibles» de Manuel Sierra (Villablino, 1951). Un día después, la Fundación Vela Zanetti mostrará las obras que Sierra ha dedicado al mundo del circo. Y es que en la adolescencia el pintor se enroló en una compañía circense a la que acompañó en una larga gira por España. Nunca ha perdido la fascinación por ese mundo, recurrente en su pintura. «No es un circo exhibicionista, sino que ha ido derivando en algo teatral, más oscuro y surrealista», dice. Sierra, que se define como un pintor «muy colorista» —«salvo en la pintura política»—, piensa que su particular visión del mundo circense se ha vuelto «desasosegada», para contar el infierno; mientras en el resto de su pintura trata de atrapar el paraíso.
El Museo de Gordoncillo albergará, a partir del domingo, los dibujos en papel de Sierra, grabados y serigrafías pensados para ser difundidos masivamente. Una fórmula perfecta para propagar ideas y poner el foco donde está la libertad.
Por último, la galería Bernesga alojará las obras del último año, que además están a la venta.
No se plantea Marcas del tiempo como un ‘ajuste de cuentas’ o una ‘deuda pendiente’ de León con su obra, ni a la inversa.
Considera un «privilegio» —«aunque requiere un gran esfuerzo de voluntad»— vivir exclusivamente de la pintura, decisión que adoptó en 1980, tras haber desarrollado múltiples trabajos. «Lo dejé todo para pintar».
Invita a los espectadores a enfrentarse a sus obras y establecer una relación personal con ellas. Piensa que las visitas guiadas «tienen trampa». Es cierto que es tentador que un artista te cuente sus secretos, pero «induces a ver las obras de una manera». «Y lo importante es la relación que tú estableces con una obra en un momento». «La relación es única con cada espectador». «Cuando contemplas Los fusilamientos, de Goya, no es igual si has vivido una guerra, según tu ideología, según lo que conoces de Napoleón o de Goya... Todo esto acude a ti en el instante en que te plantas frente al cuadro».
Las marcas del tiempo, el título de esta retrospectiva en cuatro sedes, alude a «conocer las reglas del juego vital y mortal en el que todos estamos implicados. Es una muestra de lo que la vida fue depositando, en este caso, en cuadros, el bagaje para ser más tolerante, más ágil, más intuitivo, más radical y más cariñoso».
Confiesa que aspira a que las marcas del tiempo le permitan estar «menos desconcertado». Pero no hay que interpretarlas solo como ‘heridas’ de múltiples batallas. «A veces son cicatrices y otras son caricias».