Diario de León
Portada del libro

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León

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Tiene dos años. Sus enormes ojos negros lanzan una mirada curiosa. Acaba de mordisquear una galleta que sostiene en su mano derecha. Pero en lugar de ensimismarse en la galleta, el pequeño indaga qué ocurre tras la cámara. Es Gabriel José García Márquez, Gabito, cuya mirada de asombro no ha dejado desde entonces de escrutar su entorno para contárnoslo como nadie. Es la imagen que Gabo ha querido llevar a la portada del primer volumen de sus memorias. Ese crío, cuyos vivaces ojos azabache recuerdan a los de Picasso, es el primer hijo de una robusta y bella y longeva mujer que tres años antes había contraído matrimonio con el telegrafista de su pueblo. Una mujer que alumbraría otros diez hijos que le darían 66 nietos, 73 bisnietos y cinco tataranietos. Es el mismo niño que casi tres cuartos de siglo más tarde, veinte años después de ganar el Nobel de Literatura, se faja con su viaje definitivo por la memoria más íntima, por los entresijos de una extensa familia que constituyen los cimientos de una obra excepcional. Nos cuenta García Márquez los amoríos de Luisa Santiaga, su madre, y Gabriel Eligio, su padre, la peripecia propia, la de sus diez hermanos, sus cuatro hermanastros, y la de la inabarcable y singular familia sobre la que Luisa Santiaga gobernaba desde la cocina de su casa en un villorrio de la Colombia caribe, Aracataca. La fotografía fue tomada allí en 1930. El original reposa hoy enmarcado sobre un mueble en la casa mexicana de Gabriel García Márquez, que ha querido reproducir este añoso retrato en sepia la portada de su libro más esperado, Vivir para contarla. Una narración con pulso de maestro que uno de sus primeros y más cualificados lectores, el paisano premio Cervantes e íntimo de Gabo Álvaro Mutis, ha calificado como «un clásico». Ahora Gabo se programa un descanso, concluir dos libros de cuentos, revisar el borrador de un tercero y fajarse con el segundo volumen de sus memorias que tiene abocetado. La segunda entrega alcanzará hasta la publicación de Cien años de soledad. En el tercero ya anticipó Gabo que alteraría el formato y se limitará a rememorar sus relaciones y recuerdos de destacados personajes, entre ellos media docena de presidentes de distintos países. Este es el primero de los tres volúmenes en los que García Márquez se ha propuesto resumir su vida. Arranca con un penoso viaje en barco y tren, el que la madre y el joven Gabriel realizan en 1950 entre Barranquilla y Aracataca para vender la casa en la que nació el escritor, la casa de los abuelos en la que vivió hasta los ocho años. Un viaje en el que se cruza por primera vez con Macondo, el nombre de una finca cenagosa que el talento de García Márquez haría universal. Narra luego el noviazgo de Gabriel Eligio García, telegrafista-violinista de Aracataca, y Luisa Santiaga Márquez, los padres del escritor, que ya inspiraron El amor en los tiempos del cólera. Se cierra en 1955, con la publicación de La hojarasca, su primera novela, aparecida cuando Gabo contaba 23 años y era un reportero a punto de ser enviado a Europa como corresponsal de El espectador de Bogotá.

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