El cineasta mallorquín Agustí Villaronga presentó ayer en Sitges su película sobre el asesino húngaro Aro Tolbukhin
Documental, pero falso
El cineasta mallorquín Agustí Villaronga presentó ayer en el certamen cinematográfico de Sitges su último filme, Aro Tolbukhin, un falso documental sobre la extraña y estremecedora historia de un asesino real. La película, que está dirigida, además de Villaronga, por Lydia Zimmermann e Isaac P. Racine, parte de un hecho real: en 1981 el húngaro Aro Tolbukhin fue detenido por quemar vivas a siete personas en la enfermería de la Misión del Divino Redentor en Guatemala y él mismo se autoinculpó de los asesinatos de otras 17 mujeres durante los quince años que trabajó como marino mercante. Condenado a muerte a primeros años de los años 80, poco antes de su ejecución fue entrevistado por Lise August e Yves Keetman, dos documentalistas franceses que también hablaron con una serie de testigos y personas allegadas al asesino. Tras la muerte de August, aquel material llegó a manos de Zimmermann, que compartió con los otros dos realizadores, y con el que inicialmente pensaron hacer un cortometraje, pero, como ha reconocido el productor español Antonio Chavarrías, «la historia pedía a gritos un tratamiento largo para explorar la complejidad del personaje». Zimmermann comentó que «el guión definitivo estuvo listo en pocos meses y el rodaje dio como resultado muchos metros de película en diversos formatos». La película expone el antiguo material documental, ordenado de forma cronológica y enriquecido por la dramatización de los episodios de la vida de Tolbukhin, que, según Villaronga, «exige bastante al público, porque es una película muy elíptica». Vídeo, película negativa y positiva, foto fija, recortes de prensa, reportajes de televisión e imágenes de archivo ofrecen al espectador un recorrido por los cambios que ha ido sufriendo el personaje en paralelo a los cambios de la segunda mitad del siglo.