Diario de León

La vitrina de las joyas expoliadas

San Isidoro dedica un espacio para reivindicar las piezas que salieron de la colegiata y hoy están repartidas por museos de todo el mundo, incluido Pallarés

El abad de San Isidoro, Luis García Gutiérrez, ante la vitrina que exhibe las piezas expoliadas a la colegiata. DL

León

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El nuevo Museo de San Isidoro ha hecho hueco a la reivindicación. Una vitrina muestra imágenes de algunas de las joyas que fueron expoliadas a la colegiata a lo largo de su historia. Entre ellas, el valioso crucifijo de marfil de Fernando I y Sancha, en la actualidad uno de los tesoros del Museo Arqueológico Nacional. También el caso curioso de una escultura románica que representa a San Juan. El Museo de León conserva el torso, mientras que la parte inferior del apóstol está en San Isidoro. En 2005, durante los trabajos de limpieza y clasificación del lapidario de la colegiata apareció la vestidura inferior del mencionado apóstol. Los dos pedazos casan perfectamente. La investigadora Therese Martin, de la Universidad de Arizona, que lleva años estudiando el tesoro de San Isidoro fue quien «encajó» los dos trozos. Lo lógico sería reunir ambas partes. Hay un precedente: hace años el Museo de León devolvió a San Isidoro seis capiteles románicos. Pallarés también figura en la vitrina con otra pieza originaria de San Isidoro, un fragmento de la lauda sepulcral de Sancho III.

La vitrina tiene otros tesoros que permanecen en el exilio, como una placa de esmalte de Limoges que se encuentra en un museo de Turín, así como una arqueta de plata que también fue a parar al Arqueológico Nacional, que además tiene en su poder la llamada arqueta de los perros, la de las Bienaventuranzas y la caja de las ágatas.

En este espacio ‘de denuncia’ figuran piezas que se hallan en el Victoria and Albert Museum de Londres, en el Louvre o el Museo Glencairn, el segundo en importancia de Filadelfia, donde fueron a parar dos apóstoles románicos de marfil de principios del siglo XII, que la investigadora Noemí Álvarez Da Silva, del Instituto de Estudios Medievales de la Universidad de León, considera originarios del taller de eboraria de San Isidoro, promovido por Fernando I y Sancha.

Aunque parece misión imposible, la directora del Museo de San Isidoro, Raquel Jaén, luchará por el regreso de las piezas expoliadas.

La reforma del museo ha permitido abrir capillas hasta ahora inéditas para el público, como la de San Ignacio y la de San José, convertida en el santuario de las primeras Cortes con representación del pueblo llano, celebradas en la colegiata en el año 1188. Sin embargo, aún quedan pendientes, para una futura rehabilitación, la capilla de La Magdalena y la de los Omaña.

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