Diario de León

25 AÑOS DE ENTREGA

Javier Castaño prepara en El Parque su última temporada

El torero entrena cada día, en solitario, en la plaza de León, para marcar un punto y seguido en una carrera de tesón y esfuerzo

Javier Castaño ayer, durante su entrenamiento ayer en la plaza de toros de León.  El torero leonés, en la soledad del ruedo del Parque.

Javier Castaño ayer, durante su entrenamiento ayer en la plaza de toros de León. El torero leonés, en la soledad del ruedo del Parque.RAMIRO ramiro

María Jesús Muñiz Prieto
León

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Siempre me he movido en la cuerda floja. Sabía que si un pie se me iba me jugaba todo. Me hubiese gustado disfrutar más del día a día, pero la presión constante también espolea y te obliga a estar en la lucha. He sido feliz en el toreo».

El diestro leonés Javier Castaño se concentra estos días en el entrenamiento y el toreo de salón en la Plaza de Toros del Parque. En la buscada soledad el maestro, que ha anunciado que tras 25 años de trayectoria se retira esta temporada de los ruedos, entrena aplicado. El físico, pero sobre todo las muñecas y la mentalidad para afrontar una temporada en la que sabe que, como en todas las anteriores, nada se le pondrá fácil. Pero en la que espera entregarse como siempre y disfrutar al máximo. Despedirse de la afición de las grandes plazas en las que se le ha respetado siempre, de todas aquellas en las que dejar las pinceladas de un toreo que ha evolucionado y es más maduro y reposado, sin perder un ápice del arrojo que le ha caracterizado siempre.

Los tendidos azules del coso del Parque son testigo del poso de madurez que aquel niño que se fue de Cistierna a Topas para perseguir su sueño de puertas grandes atesora a día de hoy. En la Salamanca que le ha adoptado como propio, no sólo taurinamente, los homenajes multitudinarios, arropado por todos los partícipes en el mundo del toreo y por los aficionados, se suceden ya desde hace días.

Javier Castaño ha sido siempre un ejemplo de humildad, de entrega y de honradez. «Creo que he sido sobre todo un torero responsable. Nunca me he guardado nada, he vivido el toreo con intensidad y creo que los aficionados respetan mi carrera. Independientemente de que unas veces o unas épocas haya estado mejor o peor, siempre he afrontado mis actuaciones con responsabilidad y entrega».

Javier Castaño, en la soledad del coso leonés.

Javier Castaño, en la soledad del coso leonés.RAMIRO

Estos días la cúpula de cristal que cubre el Parque de borrascas y tempestades acuna el roce de los capotes y muletas de Castaño sobre un albero que sueña con los toros, entre dispersos restos de las otras actividades que acoge el ruedo. El eco del pase resuena en los tendidos. Es la intimidad absoluta del torero con el concepto de su arte.

«Torear de salón es fundamental. Más que entrenar físicamente, si se quiere. Tienes que estar preparado, coger el pulso a tus trastos, preparar lo que quieres hacer ante el toro». En ese ejercicio íntimo el torero busca su «motivación. Todos los días hago varias faenas en este coso, que me encanta. Recibo, llevo al toro al caballo, le bajo la mano,…». La práctica del toreo soñado, ese que nunca se alcanza.

"Quiero dejar buena imagen en los aficionados. He sido un torero responsable, nunca me he guardado nada"

«Luego, confiesa, cuando estás en el patio de caballos y te pesa el traje de luces siempre piensas que no has entrenado lo suficiente. Ahí siempre te puede la responsabilidad».

Javier Castaño se prepara así, física y mentalmente, para la última temporada que tiene prevista en activo. Gustavo Postigo, propietario del coso del Parque, le ha abierto las puertas para hacer suyo este ruedo ahora silencioso. La agenda va sumando citas, llegarán más sin duda. «No me obsesiono con el número de corridas, sólo quiero vivir el día a día, disfrutar». De cara al futuro no hay planteamiento aún, ni dentro ni fuera del mundo del toro. «No abro ni cierro las puertas a nada».

400 festejos

En mayo hará 25 años que se encerró en el baño de la abarrotada habitación del hotel para comentar con Diario de León la felicidad y las sensaciones de abrir, como novillero puntero del escalafón, la puerta grande de Las Ventas. Desde entonces han sido alrededor de 400 los festejos de toros que ha lidiado, en los ocho países de Europa y de Latinoamérica donde se dan espectáculos. Suma ya 25 tardes en Madrid. No es fácil igualar esa carrera.

Tenía entonces apalabrada una alternativa de postín y un arranque de trayectoria en el escalafón superior que parecía embalada. El pisotón de un novillo días antes de la cita truncó el meteórico comienzo. «No sé qué hubiera pasado si todo hubiera transcurrido como estaba previsto. Ni me planteo cómo hubiera sido. La carrera de un torero está llena de obstáculos, y desde luego la mía no ha sido fácil». Todo lo ha superado con tesón.

El torero leonés, torea de salón con la muleta.

El torero leonés, torea de salón con la muleta.RAMIRO

Y un coraje que ha aplicado también a su vida, como cuando en 2016 superó un cáncer y volvió a los ruedos en cuanto las fuerzas se lo permitieron. Un arrojo al que ahora quiere poner punto y seguido. Estos días en la plaza de León, que siempre debió ser la suya por encima de todas, dibuja muletazos con el mismo ímpetu de siempre.

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