El paseo reflexivo de Pelayo Ortega por su obra

Marga Carnero y Pelayo Ortega, ayer en la Galería Ármaga.
Las galerías son un punto de luz, desde el que a veces a lo lejos, a veces cerca, se ilumina la cultura de las ciudades. Son una mirilla a través de la que se ve qué se cuece en el mundo del arte. Tal vez son también la manifestación más democrática de acceso a la cultura. Ahí, a pie de calle, sin pagar, se puede entrar a un espacio cargado de confort y, a veces, no siempre, ver la obra de un genio. Ocurre que sí hay un genio en León con Pelayo Ortega en Ármaga, que ayer viernes inauguró exposición. Así emerge el artista con nombre de rey en la galería de Marga Carnero, en la que se puede ver una muestra que más que título lleva frase: Un paseo reflexivo por el paisaje interior, poético y conceptual de su pintura. La de Pelayo Ortega. Luego habrá tiempo de enumerar los adjetivos que recibe la obra del asturiano de Mieres, porque resulta abrumador. Hay color, intensidad, impacto, la reflexión del artista. Y ese individuo que transita en los paisajes creativos de Ortega. Y también antes puede decirse que es artista de acción, de inspiración continua, buscada a base de trabajo, claro está, y que, de igual manera, desprende amabilidad en días como hoy, que eso sirve también para acercar la obra al espectador por ignorante del tema que sea. Es el caso. Nada que ver por tanto con el artista hostil porque dice que el mundo es hostil. Ármaga es, además, un punto medio para Pelayo Ortega entre Madrid y Asturias. Su arte remite a cierta pulsión creativa en donde lo abstracto se organiza en torno a puntos de coherencia que ha ido afianzando a lo largo de su carrera. Lo dice de pie, entre sus obras.
Ayer contaba Pelayo Ortega los lugares en los que había vivido en Madrid y daba prueba así de ese carácter de artista que mira también hacia el exterior.
«He pasado por muchas etapas, y también por muchos procesos, pero no he tenido eso que se conoce como momentos de sequía», explica acerca del hecho creativo en sí mismo, porque Pelayo Ortega, que es el pintor más importante de Asturias y el de más proyección internacional, tiene ya muchas horas de vuelo artístico. «Tengo 68 años y creo que es lógico decir que la pintura es un cúmulo de experiencias», señala si echa la vista atrás y valora lo realizado.
Demuestra el artista que tiene ese sosiego de la constancia de su carrera. Con mucho por pintar y exponer pero con la satisfacción de que el camino recorrido ha sido fructífero.
Entre Gijón y Madrid
Pelayo Ortega (Mieres, Asturias, 1956) reside y trabaja entre Gijón y Madrid. En la ciudad asturiana estudió dibujo, pintura y grabado, en la Agrupación de Bellas Artes, y continuó su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo y en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, ciudad en la que vivió entre 1975 y 1990. Pasó por el taller de grabado de Dimitri Papageorgiu y aprendió como copista en el Prado.