MUERTE EN EL SUBSUELO
León camina sobre esqueletos
La ciudad es una gran fosa común porque hasta 1809 los leoneses eran inhumados en las iglesias

Hallazgo de un enterramiento romano del siglo IV en el campus de Vegazana.
En La colmena, de Camilo José Cela, los tertulianos de un café descubren que las mesas de mármol son lápidas mortuorias dadas la vuelta. En León también hay lápidas de los viejos cementerios en las aceras de algunas calles. El ‘reciclaje’ se remonta a época romana, cuando lápidas sepulcrales fueron reutilizadas en la construcción de la muralla. Algunas de ellas se extrajeron y forman parte de los fondos del Museo de León.
León se construyó sobre miles de cadávares. Los ciudadanos caminan hoy sobre aquellos esqueletos; algunos aún por descubrir. En 1809 el Ayuntamiento prohibió los enterramientos fuera del cementerio, entonces ubicado en el barrio de San Esteban. Hasta entonces, los leoneses eran inhumados en las iglesias, monasterios, hospitales y conventos. En las excavaciones llevadas a cabo en León en las últimas décadas han aparecido miles de huesos, desde época romana. Solo en Palat del Rey, la iglesia más antigua que preserva la capital leonesa, se exhumaron 310 cuerpos —135 mujeres y 175 hombres— en las excavaciones realizadas en 1987 previas a la rehabilitación de esta pequeña joya del Patrimonio local.
En el campus de Vegazana han ido apareciendo algunas tumbas romanas, como la localizada en 2007, fechada en el siglo IV. Ese mismo año unas catas arqueológicas en la calle Fernando Regueral destaparon los restos óseos del bebé de un legionario. En el solar de la calle San Pelayo donde se preservan los Principia (el cuartel general de la Legio VII), sobre los restos romanos aparecieron 52 tumbas de época medieval.
El departamento de Antropología de la Universidad de León ha investigado decenas de esqueletos localizados en excavaciones. Ello ha permitido obtener valiosa información sobre la alimentación de la población romana y medieval, su estatura o sus enfermedades. En la década de los noventa, durante las excavaciones arqueológicas llevadas en el Hotel Oliden para su reconversión en el Alfonso V, se localizaron numerosos cuerpos. El edificio se encontraría, según los historiadores, sobre parte de la iglesia del convento de Santo Domingo, derribado en 1967 para construir el gigantesco bloque de viviendas conocido como Complejo de Santo Domingo. En esta zona también estuvo el convento de las agustinas recoletas.
Todas la parroquias abrían zanjas para enterrar a sus feligreses. En la Catedral de León, parte de las termas fueron reacondicionadas como lugar de enterramiento, en la llamada cripta norte. Las clarisas siguen enterrando en su convento a las monjas que fallecen; y hasta hace poco sucedía lo mismo con las carbajalas, las benedictinas, los franciscanos o las descalzas.
En los años cincuenta, durante las obras de remodelación de la plaza de San Marcelo aparecieron varios sarcófagos medievales. Una década después, durante la construcción del parking de Santo Domingo, se desenterraron gran cantidad de restos humanos. En esta zona estaba el cementerio de la iglesia de San Marcelo, que ocuparía los costados norte y oeste. Justiniano Rodríguez, miembro de la Comisión de Monumentos en aquella época, elaboró un informe que se publicó en 1963. El historiador cuenta que al abrir una zanja junto a la fachada norte de la iglesia de San Marcelo aparecieron «una gran cantidad de huesos humanos sobre tierra», lo que indicaría que este lugar habría estado ocupado por un cementerio, probablemente el del hospital de San Antonio. Además, allí mismo se exhumó un «sepulcro de piedra con su tapa y con su esqueleto dentro».
Un tema que trae de cabeza a los arqueólogos es la ausencia de una gran necrópolis romana. Los «camposantos» romanos descubiertos en la ciudad de León —en el vicus (Puente Castro), en el campus de Vegazana y en el barrio de San Claudio— son todos del siglo IV. La aparición de sesenta lápidas en uno de los cubos de la muralla hace sospechar a los investigadores de la existencia de una necrópolis cercana, que serviría de «cantera» para abastecer de piedra a los constructores de la fortificación.
El cementerio del barrio de San Esteban duró poco, porque los vecinos denunciaban que los aires viciados del camposanto llegaban intramuros. Tiempo después se abrió uno nuevo en las parcelas que hoy ocupan la escuela de las Anejas y el edificio de la vieja maternidad. En los años 60 los alumnos de las Anejas jugaban, en el patio de tierra, sobre las viejas lápidas. El actual cementerio de San Froilán no se inauguró hasta 1932.
El claustro de la Catedral es su gran cementerio. Allí fueron enterrados personajes destacados entre los siglos XIII al XVI.