Diario de León

'Yo estuve en Las Vegas 2': la increíble historia de Melgar de Fernamental

La discoteca, que fue la más grande de la península, dinamizó la comarca con artistas internacionales

'Yo estuve en Las Vegas 2' incluye imágenes en 3D de la recreación de la discoteca.

'Yo estuve en Las Vegas 2' incluye imágenes en 3D de la recreación de la discoteca.dl

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César Combarros
Valladolid

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«Las grandes historias ocurren en los lugares más insospechados». Es la frase promocional de Yo estuve en Las Vegas 2, el debut en el largometraje del burgalés Javier Castro, integrante del grupo Cronometrobudú que tras una amplia experiencia como director de videoclips se ha lanzado a dirigir su primer documental, donde recupera la «surrealista» historia de la que fue «la discoteca más grande de España», un coloso que abrió sus puertas en la Nochevieja de 1981 en Melgar de Fernamental, con capacidad para acoger a más del doble de los 2.000 habitantes con que entonces contaba el pueblo. Bandas internacionales como Los Ramones, Texas, Mötorhead o Helloween, y primeros espadas nacionales como Platero y Tú, Loco Mía, Barricada, Loquillo, Extremoduro, Héroes del Silencio, Celtas Cortos, Extremoduro o Rosendo actuaron en un local que compitió, cara a cara, con las grandes capitales del país para atraer a los mejores artistas en gira.

A la espera de que se confirme su posible participación en festivales, la película llegará a los cines burgaleses el próximo 8 de noviembre, antes de recalar en salas comerciales de Madrid, Vitoria y Bilbao, iniciando su encuentro con los espectadores, que se extenderá a buena parte del país. El propio director se ocupará de la distribución de la película, ya que después de todos los obstáculos superados hasta llegar al momento del estreno, no quería abandonar su trabajo en manos de una distribuidora que no moviera la obra «como merecía la historia». «Hay muchísima gente que quiere ver la película, y quiero que la puedan disfrutar en la gran pantalla y centrarnos también en los festivales. Creo que es la mejor manera de hacer el lanzamiento, y luego si tenemos un buen recorrido va a ser más fácil llegar a una plataforma el próximo año, aunque tampoco es una obsesión», confiesa.

El origen del proyecto, según cuenta el director a Ical, se remonta casi una década atrás, cuando en una charla con su amigo, el periodista y fotógrafo especializado en música Jorge Bobadilla, comenzaron a recordar los «años increíbles» que habían vivido en ese recinto en su localidad natal durante su juventud. «Empecé a investigar para recabar información y todo se aceleró en 2018, cuando surgieron rumores de que en el mismo solar donde había estado la discoteca se iba a levantar un supermercado», explica. «Pensé: «Antes de que lo derribe, tengo que rescatar esta historia. No se puede perder», y así comenzó todo», apunta.

Con los medios con que contaba, Castro empezó a grabar, con la idea de hacer una película «modesta», pero después apareció un inversor madrileño que se sumó al proyecto y le dio un nuevo empujón. Lo mismo sucedió cuando se subió al barco Juanma Bajo Ulloa, el director de «La madre muerta» y «Airbag», con quien el cineasta burgalés había trabado cierta amistad después de que el ganador de tres premios Goya dirigiera en 2011 el videoclip de «La flor del tiempo», de Cronometrobudú. «Le propuse el proyecto y le pareció muy interesante, así que se apuntó», recuerda Castro.

Para el documental, Bajo Ulloa ha dirigido el cortometraje inédito «En mitad de la nada», donde recrea la historia real de «dos chavales que quieren asistir a un concierto de Los Ramones en Melgar, y sus dificultades económicas para desplazarse hasta allí». Castro explica que esa «entrañable» ficción, que se ha dividido en cinco fragmentos que salpican el documental, «le da otro plus a la película».

Además, Yo estuve en Las Vegas 2 incluye recreaciones de la sala y de la propia localidad en animación 3D que se han realizado en la Escuela CEV de Madrid, y otra ficción protagonizada por la melgarense Loli Pérez, una mujer mayor que encarna a Clara, alter ego del propio Javier Castro, , para representar el proceso de investigación que vivió el cineasta en el Centro Cultural Santa Ana. El personaje, que «le aporta muchísima humanidad a la película», fue una de las aportaciones de los coguionistas del film, Fernando Martín Llorente y Lola Mayo. Ellos dos fueron los responsables también de aportar la imprescindible mirada externa a la historia y de dar con la estructura del relato, algo sumamente complejo ya que llegaron a acumular más de cinco teras de grabaciones.

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