AL RESCATE DEL PATRIMONIO
Dos rarezas de León que nadie sabía restaurar
El Ministerio de Cultura, tras rehabilitar el trascoro de la Catedral, se atreve ahora con dos tallas góticas del museo que llevan 80 años en lista de espera

La cruz-calvario gótica de madera policromada originaria de Barniedo de la Reina.
Son tan raras que nadie se había atrevido a restaurarlas; hasta ahora. Una Virgen y un calvario que ingresaron en el Museo de la Catedral de León cuando se creó, en 1947, llevan desde entonces en ‘lista de espera’ para una intervención.
El Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), dependiente del Ministerio de Cultura, tras sacar de las tinieblas el trascoro del templo gótico, una obra maestra del Renacimiento, se ha llevado las dos piezas a Madrid para su rehabilitación. No será una restauración «al uso», explica el director del museo, Máximo Gómez Rascón, sino con criterios arqueológicos.
La Virgen es una talla románica del siglo XIII originaria del monasterio de Gradefes. Sentada en un trono, sostiene sobre su regazo al Niño Jesús, representado como rey y salvador. Según el IPCE, cuyos conservadores ya han comenzado los preparativos para intervenir en esta obra policromada, madre e hijo «muestran la rigidez hierática propia de la época, coronados y portando atributos simbólicos: el Niño conserva una bola dorada, mientras María pudo sostener en su mano derecha —a juzgar por ejemplos contemporáneos— una manzana». Tallada en una sola pieza de madera y dorada, al igual que ocurre con el calvario cedido para su recuperación, está en un «lamentable estado de conservación», como admite Gómez Rascón.
La Virgen presenta grietas, algunas faltas volumétricas y daños por insectos xilófagos, así como pérdidas de policromía. La segunda obra es una cruz-calvario gótica procedente de Barniedo de la Reina, pedanía de Boca de Huérgano. Aunque presenta todas las características de las cruces procesionales de metal, Rascón sospecha que la de Barniedo, tallada en madera y policromada, pudo rematar algún retablo. También su estado es delicado. «Le falta la cartela INRI, el madero vertical fue retallado y sufrió un ataque antiguo de carcoma (ya inactivo), visible en torso y brazos. Además, existen pérdidas de policromía, sobre todo en el reverso, y el barniz superficial acumula polvo». El IPCE no solo se hace cargo de la restauración de estas dos joyas de la Catedral de León, sino que sufraga los costes, como ya hizo con el arco de triunfo de la Pulchra, finalizado hace dos meses, tras años de análisis y una meticulosa intervención.
No son las únicas actuaciones que el Instituto dependiente del Ministerio de Cultura ha llevado a cabo en la Catedral leonesa en los últimos años. De hecho, se ha convertido en un benefactor proverbial para un templo que empezó a cobrar entrada para financiar la actual restauración de todo el conjunto de vidrieras, así como la rehabilitación por fases de los pináculos.
Restauraciones imposibles
El Cabildo ha delegado en el IPCE los ‘huesos duros’. En 2021 consiguió que salvase dos piezas que hasta ese momento y, por su comprometido estado de conservación, estaban en el ‘limbo’. Se trata de la María Magdalena de Gaspar Becerra y un sagrario del XVI con cinco tablas atribuidas a los mismos artistas del célebre retablo de Valencia de Don Juan. El sagrario llegó en los años sesenta a la Catedral destartalado. Originario de la desaparecida capilla de los Villapérez de León, de ahí se trasladó a la iglesia de Cuénabres y en los años 40 acabó en la ermita de Pedrosa del Rey.
Con la construcción del pantano de Riaño y la anegación de este último pueblo, el sagrario se trasladó definitivamente al Museo de la Catedral de León. Gómez Rascón la calificó como una «obra modélica» del Renacimiento. Tiene talladas escenas de la Pasión, a excepción de la Cena, que es el propio sagrario. La talla de María Magdalena, procedente de la parroquia de Vega de Infanzones, también se encontraba muy deteriorada. A esta talla del siglo XVI le faltaba el dedo índice en las dos manos y sufría numerosas patologías. Ataviada con túnica, ceñidor y manto, sostiene el bote de ungüentos —su atributo característico— sobre un libro cerrado apoyado en la cadera. El IPCE dejó claro que había llevado a cabo una actuación «reversible» en esta obra.
Aparte de estas intervenciones ‘milagrosas’, el IPCE ha sufragado la restauración de varios vitrales de la Catedral de León.