Ko Un, el candidato al nobel que se enamoró de León
El poeta surcoreano que fue monje budista se hace «hermano» del leonés Antonio Gamoneda horas antes de recibir el Premio Leteo en el Auditorio

El poeta surcoreano Ko Un ante uno de los retratos de reyes leoneses en el consistorio de San Marcelo.
Ko Un planeaba un viaje con su hija. Se proponían ir en busca de los restos arqueológicos aparecidos en el país que confirman la existencia de los primeros Homo Sapiens en Asia. Recibió entonces un «poético correo» del escritor Rafael Saravia, director del Festival Palabra, anunciándole la concesión del Premio Leteo. A sus 92 años, decidió cambiar de planes y venir a León, aunque primero pidió el consentimiento a su esposa, con la que contrajo matrimonio tras ser monje budista y de la que ha dicho sentirse muy enamorado.
El poeta, que ha estado en numerosas ocasiones en España, tras unas pocas pero intensas horas en la ciudad ha declarado que había dejado lo mejor, León, para el final, «porque lo mejor se guarda para lo último». También visitó al poeta Antonio Gamoneda en su casa, que le improvisó un poema de dos frases y al que considera ya «un hermano».
En el consistorio de San Marcelo se paró en todos y cada uno de los retratos de los reyes leoneses antes de confesar públicamente que «sin la poesía no podría vivir». El escritor, que fue perseguido y encarcelado por disididente y dice haber vivido diez mil vidas, desde una yegua en el mar Caspio, un mercachifle en Samarcanda, pastor en Mongolia y granjero sordo y borrachín, antes de encarnarse en uno de los grandes nombres de la poesía contemporánea, recoge hoy el Premio Leteo en el Auditorio Ciudad de León a las siete de la tarde.
El galardón, sin dotación económica, cumple 25 años y ha distinguido a figuras como Paul Auster, Amélie Nothomb, Fernando Arrabal y el año pasado a la escritora palestina Adanía Shibli. El Leteo reconoce ahora a un autor cuya vida es un mosaico de existencias, reales e imaginarias, tejidas en más de 120 obras que abarcan novela, ensayo, traducciones y, sobre todo, poesía.
Para Ko Un, la poesía no es solo un arte, sino el aliento que lo ha sostenido. «La poesía me salvó, sin poesía moriría. Cuando muera, quiero convertirme en un fósil de poesía», declaró con esa intensidad que, como destacó la concejala de Cultura, Elena Aguado, trasciende las barreras del idioma. «Es una auténtica personalidad de la literatura, con una capacidad universal para transmitir», subrayó Aguado.
Una vida extraordinaria
La web de Ko Un es un viaje en sí misma: una cronología que arranca en el año 1125 a.C. y lo imagina como seres y oficios a lo largo de los siglos, hasta desembocar en el poeta que es hoy. Pero su vida real no es menos extraordinaria. Nacido en Kunsan, en 1933, comenzó a escribir en 1945, inspirado por Han Ha-Un, un poeta leproso cuya obra lo marcó profundamente. En 1952, en plena guerra de Corea, abrazó el budismo y pasó una década como monje zen, vagando en busca de la verdad. Abandonó la comunidad en 1962 y, tras un retiro en la isla de Cheju donde dirigió una escuela de caridad, regresó a Seúl en 1967, sumiéndose en un abismo de nihilismo, alcohol, insomnio y tentativas de suicidio.
El renacer llegó en 1983, cuando, tras «50 años de soledad» —no los cien de García Márquez—, se casó con Sang-Wha Lee, profesora de literatura, y dos años después nació su hija, Cha-Ryong. Desde entonces, su pluma no ha parado, dando vida a obras como Diez mil vidas, donde relata las historias de los innumerables seres que ha conocido. Ayer, ante la mirada atenta de Saravia, que declamó uno de sus poemas, reiteró su admiración por Borges, Lorca y Don Quijote. «Todos son universales», dijo.
Fue el poeta leonés Antonio Colinas, con quien compartió encuentros en el Círculo de Bellas Artes y el Encuentro Asia de Poesía de 2017, quien le 'sopló' a Saravia el nombre de Ko Un para el Premio Leteo. Pese a que es una celebridad en Sudamérica y ha sido firme candidato al Nobel de Literatura en varias ediciones, en España apenas hay libros publicados de Ko Un.
El Premio Leteo se enmarca en el Festival Palabra, que arrancó el 26 de septiembre con una exposición colectiva en torno al poeta surcoeano. Desde entonces, por el festival han desfilado narradores como Ray Loriga, Gustavo Martín Garzo o Ernesto Pérez Zúñiga; periodistas como Jesús Maraña o Montserrat Domínguez; poetas como Jean Portante, Ana Gorría o Mariano Peyrou; y figuras de la literatura infantil como Ledicia Costas, que hoy participa en un encuentro sobre La primera palabra, a las 12.00 horas, en el Palacio del Conde Luna. o Inma Muñoz.
Hoy, en el Auditorio Ciudad de León, el poeta que sobrevivió a sí mismo y que ha conocido a diez mil almas, recibirá un galardón que no solo celebra su obra, sino su capacidad de transformar el dolor en versos y la vida en poesía eterna. León, esa «joya» que descubrió al final de su camino, será testigo de un momento donde la palabra se alzará como refugio y bandera.