Diario de León

La aguja de la Catedral de León precisa puntadas

El Cabildo tiene un proyecto, pero no presupuesto para restaurar el remate de la Torre Sur tras descubrir con drones los daños que sufre

Aguja Catedral

Aguja CatedralRAMIRO

Verónica Viñas
León

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La Catedral de León es como un monstruo insaciable. La Junta ha comprometido once millones de euros para concluir la restauración de las vidrieras y la rehabilitación integral del pórtico occidental, que incluirá «apuntalar» uno de los puntos negros del templo y la colocación de réplicas de las 23 estatuas que se apearon en 2009, por su delicado estado y se trasladaron al interior. 

Sin embargo, la Catedral precisa otras intervenciones que han quedado al margen. El administrador del templo, Mario González, apunta a la aguja de la Torre Sur. Tomaron fotografías con drones para descubrir los desperfectos que sufre. «El mortero utilizado en última restauración se está desprendiendo», dice. Al administrador le preocupa, aparte del presupuesto, cómo colocar andamios en un lugar tan inaccesible sin causar daños colaterales. Ya hay un proyecto para «rescatar» la torre, a falta de financiación. En el año 2000 la torre estuvo tapada durante meses por un aparatoso andamiaje. Fue la actuación más importante llevada a cabo en la llamada Torre del Reloj en cinco siglos. Hace 25 años, el alquiler de los andamios se llevó la cuarta parte de la inversión (158 millones de las antiguas pesetas), sufragada por el Banco Europeo de Inversiones. Se había caído la aguja que corona la torre. 

La intervención desveló la utilización de materiales y procedimientos inadecuados en una rehabilitación anterior, llevada a cabo en 1983. La crestería y los remates delataron de forma nítida el problema de la descomposición de la piedra. Tanto la Catedral como en San Marcos han sido víctimas de restauraciones, a la larga, dañinas. En el año 2000 se repararon también las grietas de la torre, ya apreciadas en el siglo XVIII por Demetrio de los Ríos, que no llegó a actuar en ellas y que podrían tener su origen en el famoso terremoto de Lisboa de 1755, que dejó profundas heridas en la Pulchra.

La Torre Sur mide 2,5 metros más que la Norte. Exactamente, 67,10 metros. La aguja calada es obra del maestro Jusquín de Holanda, que llegó a León patrocinado por el obispo Cabeza de Vaca. En 1942, el arquitecto Torbado cambió el pararrayos y arregló la veleta. Las dos torres comenzaron a construirse en el siglo XIII y, en un principio, eran iguales, hasta que en el siglo XV se decidió desmantelar la Sur para construir una nueva. Únicamente se conservó el primer cuerpo, posiblemente, por temor a que el templo se resintiera si la derribaban. En 1474 se culminaba el cuerpo superior. Desde entonces, la torre se ha mantenido sin variaciones.

En 2015 se desplomaron dos gárgolas y parte de una cornisa de la Torre del Reloj. Se llevó a cabo una intervención de urgencia, tras una supervisión llevada a cabo por una empresa de trabajos verticales contratada por el Cabildo.

La torre de los relojes

El primer reloj, fechado en el año 1523, fue obra del fraile leonés Francisco y contaba con dos autómatas —un soldado y un león— y se encuentra actualmente en el claustro. El segundo se lo encarga el Cabildo al zamorano Francisco Francos en 1773. Duró solo quince años, según una investigación llevada a cabo por el historiador del arte de la Universidad de León Jorge Martínez Montero. El tercero, de 1788, es obra del madrileño Ramón Durán, al que pagó 50.000 reales. Es el que se conserva actualmente, aunque la esfera original fue objeto de un «estrambótico» robo en 2005. 

La Guardia Civil la localizó en un anticuario de León que la puso a la venta en Internet. La firma suiza Rolex hizo una nueva esfera en 1992. 

El reloj lleva parado desde 1995, a pesar de que «no tiene nada que envidiar al Big Ben de Londres», según los miembros de la Asociación Nacional de Restauradores y Reparadores de Relojería Gruesa de España (Anreg) que visitaron la maquinaria de este cronómetro hace dos años. Actualmente, el reloj que funciona es «a pilas». Una pequeña maquinaria eléctrica, que obligó a perforar los gruesos muros de la torre, mueve la manecilla del Rolex. El original podría funcionar si alguien se encargara de «darle cuerda».

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