La mina tiene rostro de mujer
La fotógrafa Cristina Velasco, junto con la colaboración del Club Xeitu, el Ministerio de Cultura, el Museo de la Siderurgia y la Minería de CyL, y Ama Asturies realiza un libro fotográfico con 100 imágenes de mujeres, que cuentan historias de superación en los territorios mineros de Laciana, Babia, Alto Sil y Degaña

El libro no solo contiene imágenes, sino que también hay una frase que busca definirla
«Muchas nacieron con la culpa en sus hombros. Heredaron silencios y ausencias. Pero la curiosidad de las niñas desafía el tiempo. La fuerza de las madres sostiene el día. Las historias de las viejas me aferran a la tierra como si mis piernas fueran raíces. Y en cada raíz encuentro la misma palabra: mujer». Así da la bienvenida Cristina Velasco en el libro Mineras, un fotolibro que contiene 100 imágenes de mujeres que, a lo largo de su vida, siguen luchando en un territorio suyo, pero que cada vez se encuentra más abandonado.
Laciana, Babia, Alto Sil y Degaña son los protagonistas de esta novela. Se le podría llamar así por la cantidad de historias diferentes que alberga y porque, además, con solo una imagen valdría para escribir un ‘best seller’. Mineras es un fotolibro que busca resalzar el valor de las mujeres en la historia y en la actualidad con 100 fotos. A través de 100 imágenes, se puede observar todo el valor, el potencial y la importancia que tienen las mujeres en la vida.
‘Mineras’, un viaje fotográfico
El libro sirve de denuncia por muchos motivos: la desigualdad que han sufrido y que algunas siguen sufriendola; por la despoblación, donde cada imagen sirve para dar a conocer este problema que están viviendo muchas zonas rurales que tan importantes han sido y continúan siendolo; para la mina, un trabajo que dió mucho, también lo quitó, pero que sigue en el recuerdo de todos y cada una de las personas que lo vivieron y también en las nuevas generaciones, que también quieren conocer sus historias; y por ellas, por cada una de esas mujeres que aparecen entre las páginas del libro y que cuentan una historia con una imagen.
Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras. Mineras es el ejemplo. En cada una de sus páginas hay una historia de superación que contar. Pero Mineras no habla únicamente de quienes trabajaron bajo tierra. De hecho, esa es una de las principales reivindicaciones del proyecto. Porque las mujeres que aparecen en sus páginas son mineras aunque nunca hayan bajado a un pozo. Lo son porque sostuvieron familias enteras mientras los hombres trabajaban en la explotación, porque levantaron negocios cuando el carbón se apagó, porque cuidaron, enseñaron, cosieron, vendieron, cultivaron, apagaron incendios o mantuvieron abiertos los últimos comercios de sus pueblos. «La mujer en las cuencas mineras siempre ha existido en todos los sectores», explica el coordinador del proyecto, Víctor del Reguero. Durante décadas, la historia de estos territorios se escribió desde la perspectiva de los hombres que extraían carbón. Este fotolibro pretende cambiar ese enfoque y colocar a las mujeres en el centro del relato. El recorrido del libro tampoco es casual. Comienza con una mujer embarazada en mitad del bosque y continúa con una madre amamantando a su hija. A partir de ahí, las páginas avanzan como lo hace la propia vida: niñas, adolescentes, mujeres adultas y ancianas centenarias que representan el paso del tiempo y el relevo entre generaciones. Una forma de demostrar que la historia de estas comarcas también puede contarse a través de ellas. «Todo el valor que tiene el libro hay que agradecérselo, casi en un su totalidad a Cristina Velasco, la fotógrafa que ha hecho posible poder realizar todas y cada una de las historias que hay dentro de sus páginas».
Todo tipo de detalles
Cada fotografía está acompañada por una palabra en negrita y un breve texto. «Dignidad», «Pionera», «Ilusión» o «Resistencia» no funcionan únicamente como pies de foto. Son pequeñas llaves que permiten comprender la historia que esconde cada retrato. Detrás de una mujer tomando un café puede encontrarse la viuda de uno de los diez mineros fallecidos en el accidente del Pozo María en 1979. Tras el rostro de una profesora, la pionera que impulsó el deporte femenino en la comarca cuando apenas se hablaba de igualdad. Sin esas palabras, muchas de esas historias quedarían ocultas para quien observa la imagen por primera vez.
La reivindicación también se extiende al presente. Mineras pone el foco sobre una realidad que afecta a buena parte del medio rural: la despoblación. Entre sus páginas aparecen pequeños comercios que sobreviven más como un servicio público que como un negocio, mujeres que producen miel, artesanas, libreras, bomberas forestales o trabajadoras que siguen apostando por permanecer en unos pueblos donde cada año resulta más difícil quedarse. Entre las páginas del libro, además, se puede leer algunos textos referidos a diversas generaciones que en el propio libro se ven. En ellos, cuentan historias, cómo ven la vida, cómo la viven, qué conocen de ella, y cómo quieren continuarla. Un precioso camino que hace que el lector pueda quedarse horas visualizando una imagen o analizando cada uno de los muchos detalles que se encuentran.
La historia viva
Lejos de ofrecer una visión derrotista, el libro busca demostrar que estos territorios continúan vivos. Que, pese al cierre de las minas y a la pérdida constante de habitantes, todavía existen personas que crean cultura, mantienen abiertas asociaciones y defienden su patrimonio. Porque las cuencas mineras no solo son memoria; también son presente.
La acogida del proyecto confirma precisamente esa necesidad de verse reflejados. Las cien protagonistas representan a muchas más. Cada fotografía pertenece a una mujer, pero también a su familia, a sus vecinos y a quienes reconocen en esas imágenes una parte de su propia historia. El fotolibro se convierte así en un archivo colectivo que dentro de unos años permitirá entender cómo eran Laciana, Babia, Alto Sil y Degaña en esta etapa de transformación. Más allá de su valor artístico, Mineras aspira a convertirse en un documento de memoria. Un testimonio visual de un territorio que durante décadas fue sinónimo de carbón y que ahora lucha por construir un nuevo relato sin olvidar sus raíces. Porque cuando desaparecen las voces, quedan las imágenes. Y cuando esas imágenes ponen rostro a quienes tantas veces permanecieron en un segundo plano, dejan de ser simples fotografías para convertirse en historia. Y esa es la historia de Mineras, de Cristina Velasco, de Laciana, Babia, Alto Sil, Degaña y de otros muchos lugares que han vivido y siguen viviendo historias diarias, aunque ya sin minería por desgracia para la provincia.