La ciudad del arquitecto de Dios y el dragón amansado a base de libros

La V Feria Modernista revive en el entorno de Botines el tiempo en que Gaudí vivió en León y la moda y cultura modernistas

León recreó el tiempo de Gaudí.Javier Fernández Zardón 'Motorines'

León

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Nadie sabe si Gaudí habría reconocido ayer la ciudad en la que él vivió mientras construía una casa que tenía que ser vivienda y almacén de tejidos para dos familias, las de Simón Fernández y Mariano Andrés. 16 viviendas, planta baja y semisótano para la tienda y el depósitos de tejidos que él llenó de símbolos, de mensajes ocultos que han tardado siglo y pico en ser descifrados, tal vez porque como ya le dijo El Principito a Saint-Exupéry, “sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos”.

En eso creía también Gaudí -«primero el amor, después la técnica», dejó escrito-. En diez meses levantó un castillo extramuros de la ciudad que fue romana, en un terreno que fue cenagal, en un lugar donde nevaba por metros y en invierno se abrían trincheras y se sorteaban sabañones en las manos y chupiteles de hielo que colgaban de los tejados como estalactitas transparentes. No le importaron las chanzas ni las coplillas, ni las apuestas sobre cuánto resistiría en pie la casona burguesa a modo de castillo medieval que dejó arrinconado -y lo sigue haciendo- al palacio de una de las más rancias estirpes nobiliarias leonesas de cuando este territorio era reino y, aún más, imperio. Aquel joven arquitecto que nunca había salido de Barcelona dejó su huella en León y León en él, porque aquí, donde casi nadie creía en él, descubrió el poder de su fe y soñó con convertir su devoción en luz y piedra. Como la Catedral. En su templo, en lo que hoy la ciudad llama Botines, encerró para siempre al mal, encarnado en un dragón.

Recreación de una manifestación de sufragistas para reclamar el voto femenino dentro del programa de actividades de la V Feria Modernista de León.Peio García

Ayer, los leoneses volvieron al siglo de Gaudí. Lo hicieron en la Feria Modernista que organiza desde hace cinco años Fundos y el Museo Casa Botines de Gaudí, cuya alma es su director general, José María Viejo. La calle se transformó en un escenario de historia en el que era fácil reconocer los grandes hitos de un siglo que nació con vocación de modernidad y cambió para siempre la sociedad. Una época de profundas transformaciones políticas, sociales y tecnológicas que dieron forma al mundo contemporáneo.

Un puñado de mujeres, vestidas a la época, recordaron la importancia del voto femenino y su lucha. Lo hicieron con un megáfono y con pancartas en las que se podía leer ‘Conquistamos el voto’, ‘Votes for women’ o ‘Nuestro voto, nuestra voz’, recordando las manifestaciones protagonizadas por mujeres que, desde mediados del siglo XIX, alzaron la voz por el derecho al sufragio. Se cruzaron por las calles con otras mujeres que tienen derecho a voto y con algunas que lo tendrán pero no aún edad suficiente para saber que esa conquista social femenina no fue gratis. Se compraba mientras en el mercado modernista, con los puestos atendidos por mozos con gorrilla y pañuelo al cuello y jóvenes con vestido de flores y mandiles que atendían a clientes de este siglo y del otro, trajeados estos con tres piezas, camisa blanca de cuello duro, bombín o canotier, reloj en el bolsillo y bastón, o con blusas con encajes, faldas largas con vuelo en el bajo, grandes sombreros con flores o plumas, sombrillas y botines altos.

Allí estaba también el fotógrafo con su cámara de fuelle con trípode que hace fotos de verdad a quienes quieran posar para él, o el explorador con su salacot, la dama de la Cruz Roja con su uniforme de capa azul, vestido blanco, cofia y delantal con el distintivo grabado, el médico protegiéndose de la gripe del 18 mal llamada española, el aviador con uniforme de guerra, el soldadín y las damas protegiéndose del sol con una delicada sombrilla de encajes en una época agraria en la que estar moreno denotaba pobreza y significaba pertenecer a las clases trabajadoras, gente esforzada al aire libre para ganar sueldos míseros antes del salario mínimo y el día de descanso. Otro logro social.

Cada vez más leoneses se animan a vestirse de época.Javier Fernández Zardón 'Motorines'

Hubo fiesta, aperitivos modernistas, música evocadora, cuentacuentos, pasacalles, estreno de una zarzuela inédita -’Veredicto Gaudí’ creada expresamente para este día-, presentación de una nueva fragancia para que Gaudí despertara un siglo después un nuevo sentido, lectura de poemas de Rubén Darío, el gran poeta modernista, y hasta lectura del tarot, que en el siglo XIX y principios del XX fue objeto de un fuerte interés en los círculos de intelectuales y artistas, fascinados por el ocultismo y las corrientes espirituales del Modernismo.

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Ayer, la ciudad no se disfrazó, se vistió para revivir el tiempo de Gaudí y su dragón. Sobre el edificio de Botines, san Jorge de piedra atravesando al saurio. En las aceras, el dragón recorriendo la ciudad domesticado, llevado del lazo de un ‘dragonero’, el domador de dragones, amansado, apagado su fuego, pasando entre los niños en talleres callejeros de lectura. ¿Y si la historia no fuera como nos la han contado? ¿Y si san Jorge hubiera vencido al dragón leyéndole libros?

Jóvenes sufragistas ayer, en BotinesJavier Fernández Zardón 'Motorines'

El dragón amansado, su 'dragonero' y un niño valiente.Javier Fernández Zardón 'Motorines'

Mujeres vestida de época con una sombrilla de encaje.Ángelopez

Modernistas ellos y ellas.Javier Fernández Zardón 'Motorines'

El fotógrafo de época, al que no le falta ni el consabido pajarito.Javier Fernández Zardón 'Motorines'

Recreación de una manifestación para reclamar el voto femenino.Peio García

Una estampa de ayer, en la V Feria Modernista de Fundos y Museo casa Botines.Javier Fernández Zardón 'Motorines'