El botín saqueado de Lancia
Los piteros robaron del yacimiento un tesoro de monedas cuyo valor en el mercado alcanza más de tres millones de euros
Las monedas incautadas fueron robadas de Lancia. POLICÍA NACIONAL
Lancia no deja de exhumar tesoros. El último, más de 7.000 monedas de plata y una veintena de denarios de oro, un botín que en el mercado podría ascender a más de tres millones de euros y que la policía incautó en diciembre del año pasado a una red de expolio del patrimonio. Fue durante la operación Corona, la misma que destapó el robo de una corona visigoda del siglo VI. Ahora, y a la espera de que el juez emita una sentencia —el caso está bajo secreto de sumario— la Junta custodia este conjunto de incalculable valor en el que también hay mil objetos de gran valor histórico, como fíbulas, cerámicas y puntas de lanza.
Según ha podido saber DIARIO DE LEÓN, las piezas fueron extraídas en el cerro del yacimiento, en una finca privada en el centro de la ciudad romana muy próxima al foro. La policía detuvo a siete personas después de varios meses de trabajo, en diciembre del año pasado. El grupo no escatimaba en recursos técnicos, ya que el método de expoliación consistía en el uso de herramientas sofisticadas. Los integrantes utilizaban detectores de metales de multifrecuencia, tecnología de última generación capaz de penetrar estratos profundos del terreno que los detectores convencionales no alcanzan. Esta precisión les permitía localizar metales preciosos con un margen de error mínimo. Sin embargo, para la extracción física, recurrían a métodos rudimentarios como picos y palas, provocando una pérdida irreversible de información histórica al destruir los estratos del suelo y descontextualizar las piezas.
Los «cacos» no se detuvieron a borrar las huellas del robo y los agujeros practicados para desenterrar las monedas seguían allí cuando la policía presentó las pruebas. Había dejado olvidadas las vasijas de cerámica que durante siglos habían actuado de placenta de las monedas. La pregunta que ahora se hacen los arqueólogos es la razón por la cual el propietario nunca las recuperó.
Las razones del enterramiento
Los expertos diferencian entre varios tipos de depósitos. Los más conocidos son los tesorillos de ocultación, es decir, aquellos que parecen haber sido escondidos con la intención de recuperarlos posteriormente. Suelen localizarse dentro de recipientes cerámicos, bolsas o pequeños cofres ocultos bajo los suelos de las viviendas, entre los muros o en escondrijos cuidadosamente elegidos o incluso en campo abierto. Junto a ellos están los depósitos votivos ofrecidos deliberadamente a una divinidad. Suelen ser monedas arrojadas a manantiales, depositadas en templos o enterradas en santuarios nunca estuvieron destinadas a recuperarse y formaban parte de un acto religioso. Por último, destacan los depósitos fundacionales, ocultaciones realizadas durante la construcción de edificios como parte de rituales destinados a proteger la nueva construcción o atraer la prosperidad, una especie de máquina del tiempo.
Esta información no es baladí e imprime importancia al propio acto de rapiña. Y es que el contexto en el que los tesoros se encuentran pueden arrojar información de gran valor sobre los moradores de Lancia y las propias visicitudes de la ciudad. Y eso será lo que tendrán que hacer precisamente el grupo de arqueólogos del yacimiento para conocer o, al menos, acercarse a la biografía del hombre o la mujer que tomó la decisión de dejar enterrado ese tesoro. Resultaría importante, por ejemplo, descubrir cuál es la moneda más antigua, dónde está por lo tanto la puerta temporal que se cerró con el enterramiento. Son claves que demuestran que Lancia, por sus características como vestigio exento de cualquier ciudad, es uno de los escenarios que más información puede arrojar sobre el último enclave astur.
Algunas de las monedas siguen con la pátina verde con la que el tiempo tiñe la plata, pero muchas de ellas ya habían sido limpiadas con la finalidad de ponerlas a la venta. Las piezas pertenecen al siglo III d.C y cada una de ellas podrían adquirir un precio de salida en las subastas de alrededor de 500 euros, cifra que da una idea de la riqueza que aún puede cosechar la excavación de Villabariego así como el retorno económico que esperaban recibir los piteros.
En total, la policía detuvo a siete personas, todas ellas en León, presuntas responsables de delitos de pertenencia a grupo criminal, contra el patrimonio histórico, blanqueo de capitales y hurto agravado, en el marco de una larga operación contra el expolio de yacimientos en Castilla y León.
La investigación arrancó en enero. La voz de alarma saltó en un mercado numismático de Andalucía, donde un individuo ofrecía monedas de oro y plata, así como piezas de oro pertenecientes a un «tesoro visigodo único». El elevado precio que exigía y la rareza de las piezas levantaron las sospechas. Al avanzar las pesquisas, los investigadores confirmaron que no se trataba de un vendedor aislado de monedas, sino que detrás de esta venta ilegal de piezas arqueológicas había una organización criminal, que tenía un modus operandi basado en expoliar yacimientos, limpiar, catalogar las piezas y posteriormente venderlas.
Una vez extraídas, las piezas eran trasladadas a un centro de operaciones donde los detenidos procedían a su limpieza química y catalogación según su estado de conservación, para maximizar el beneficio en el mercado negro. Cabe señalar que los investigadores comprobaron que las personas involucradas estaban organizadas y conocían perfectamente los yacimientos, donde buscaban la forma más segura para acceder a ellos sin ser detectados.
Una vez clasificadas, los individuos ponían las piezas a la venta en plataformas online de compraventas o grupos privados en redes sociales. Incluso llegaron a venderlas en el domicilio privado de uno de los miembros del grupo, al que acudían compradores o interesados procedentes de diversos puntos de España.
UN ‘MUSEO’ CON PIEZAS DESPERDIGADAS POR TODO
EL MUNDO
El yacimiento leonés crece metro y medio
La decisión detuvo la construcción durante dos meses. El gerente de Coysa, la empresa adjudicataria, desvela que el hallazgo forzó además a elevar dos de las construcciones a 1,20 metros de altura más y forzó a ampliar, por lo tanto, los movimientos de tierra para consolidar el firme. No obstante, precisa que, como puede verse en las imágenes, dos de los edificios ya han concluido los muros de carga, construidos en gavión, técnica que también requiere de más tiempo.
Asimismo, explica que las lluvias del año pasado también han tenido repercusión, con lo que el retraso total podría llegar a los cuatro o cinco meses.
La empresa aprovechó los parones para hacer los 180.000 bloques de tierra comprimida necesarios para construir las tres edificaciones, alineadas en orden creciente e inspiradas en la arquitectura tradicional de la zona, para mimetizarse con las colinas del entorno.
En septiembre del año pasado se reanudaron las obras, ya visibles, cuya finalización está prevista para la primavera de 2027 para preservar la historia de la conquista de Hispania por el Imperio Romano y la de los astures. Pese a los cambios mínimos en el proyecto, los retrasos han supuesto un sobrecoste de 560.000 euros en el presupuesto, que superará los cuatro millones.
Durante 163 años, desde que comenzaron las primeras excavaciones en el yacimiento de Villasabariego, Lancia ha sido un ingente proveedor de tesoros para museos y coleccionistas privados.
La maldición que parece pesar sobre este enclave cargado de historia no acabó ahí. Construir en la ciudad astur-romana por primera vez en 2.000 años no ha resultado tarea fácil.
Además, está en marcha el plan de musealización, que podría estar listo en dos meses. La pretensión del diputado es que la licitación del mismo coincida con los trabajos de construcción con el fin de lograr que ambos puedan armonizarse y evitar fallos que demoren la inauguración.
El cartel que anuncia el yacimiento arqueológico de Lancia.