«Mi premio es ver feliz al equipo»
Chiti Abraira, profesora jubilada, es actriz y productora en ‘El Camino Borrado’, de Isaac Berrocal, con potente elenco leonés en interpretación y producción
Los leoneses Chiti Abraira y Javier Bermejo, actores participantes en ‘El camino borrado'.
Tras su debut en el largometraje con El Ritual de Huasao, el cineasta Isaac Berrocal se embarca en su segunda película, El Camino Borrado, un drama social de gran intensidad emocional que nace de la necesidad de contar una historia marcada por la realidad y por aquellos conflictos que, aunque permanecen cerca de nosotros, muchas veces preferimos no mirar. Y hay una clave que destaca sobre todas: León. La conexión leonesa llega por diferentes caminos y tiene en Chiti Abraira un nombre fundamental para que así sea como productora. Pero no es el único nombre leonés.
La historia de Chiti Romero tiene muchas aristas y detalles que darían para que ella misma y su vida fueran las protagonistas. Pero aquí es Javier Bermejo, acto leonés de Sahagún, el que ella destaca como gran protagonistal del filme. Del que además dice en broma que le ha adoptado como madre. Es una muestra más del buen ambiente que ha rodeado a esta película en la que el presupuesto humano supera con creces al material. Y de hecho para Chiti Abraira el premio es «ver feliz al equipo. La mayor satisfacción es verles trabajar felices y que te lo digan», asegura.
Producida por El Ritual Producciones, fundada por Chiti Abraira y Sonia Martín, la película reúne a un equipo artístico y técnico dispuesto a demostrar que las grandes historias no dependen necesariamente de grandes presupuestos. El Camino Borrado se plantea como una producción de carácter «micro» por su bajo coste, pero aspira a convertirse en un proyecto «mega» gracias al compromiso, la experiencia y la entrega de todo su equipo, entre los que destacan profesionales de la provincia leonesa como el director de fotografía, Ricardo Fernández y sus ayudantes Iván Valdeón y David Méndez; la ayudante de Dirección, Laura García Rodríguez; jefe de producción, Alejandro D. del Castillo, junto a parte de su equipo, Nuria V. Martín y Marta Rodríguez; responsable de Maquillaje y FX, Aran Gaspar; y la cineasta Isabel Medarde, responsable del making of y foto fija. Buena parte del equipo repite colaboración con Berrocal, tras proyectos como «La Proeza» y «La Ceremonia», rodados íntegramente en la provincia de León. Producida por El Ritual Producciones, la película reúne a un equipo artístico y técnico dispuesto a demostrar que las grandes historias no dependen necesariamente de grandes presupuestos. El Camino Borrado se plantea como una producción de carácter «micro» por su bajo coste, pero aspira a convertirse en un proyecto «mega» gracias al compromiso, la experiencia y la entrega de todo su equipo. La película está protagonizada por Charo Gabella, Juan Olivares y Álex Mola, junto a Chiti Abraira, un elenco que se enfrenta a una historia cargada de humanidad, dolor y esperanza, rodada íntegramente en la Comunidad de Madrid, entre Manzanares el Real, Colmenar Viejo, Cerceda y Leganés. Para Isaac Berrocal, el origen de El Camino Borrado está profundamente ligado a una experiencia real que le llevó a transformar la emoción en cine: «Se trata de un drama social con mucha fuerza y con la inspiración de un hecho real que me removió el estómago y me emocionó a partes iguales. De nuevo un proyecto denominado «micro» por el bajo coste, pero con un equipazo que lo va a dar todo para que en la pantalla sea un «mega». El cineasta vuelve a situar en el centro de su propuesta cinematográfica a personajes y situaciones que permiten reflexionar sobre algunos de los problemas más complejos de la sociedad actual. El Camino Borrado aborda, entre otros temas, la violencia de género, el desempleo en las personas mayores, la anorexia en la vejez y las consecuencias que las familias desestructuradas pueden tener sobre los hijos. Lejos de plantearse únicamente como una denuncia, la película busca acercarse a sus personajes desde la emoción y la empatía. Son personas atravesadas por circunstancias que, en muchos casos, escapan a su control, pero que deben seguir avanzando y tomando decisiones en un entorno que no siempre ofrece segundas oportunidades. La violencia de género aparece así ligada a una mirada social que pretende evitar los lugares comunes y profundizar en las consecuencias que este tipo de situaciones provoca no solo en las víctimas directas, sino también en quienes forman parte de su entorno. Del mismo modo, el desempleo en edades avanzadas pone sobre la mesa una realidad especialmente dura: la dificultad de reconstruir una vida profesional y personal cuando las oportunidades parecen haberse agotado. A estos conflictos se suma la anorexia en la vejez, una problemática poco visible que contribuye a ampliar el territorio de reflexión de la película, y el impacto de las familias desestructuradas sobre los hijos, mostrando cómo determinadas heridas pueden prolongarse mucho más allá del momento en que se producen. Con El Camino Borrado, Isaac Berrocal continúa desarrollando una forma de entender el cine basada en la cercanía, la independencia y la capacidad de convertir recursos limitados en historias de gran alcance emocional. La película representa un nuevo paso en la trayectoria del director y consolida el espíritu de El Ritual Producciones, apostando por un cine realizado desde la pasión y el compromiso. «Un elenco maravilloso», en palabras del propio Berrocal, se pone al servicio de una historia que pretende conmover, incomodar y, sobre todo, provocar una reflexión en el espectador. El Camino Borrado nace así con la vocación de demostrar que el tamaño de una producción no determina el tamaño de una historia llena de emoción, una interpretación de lujo y mucha fuerza cinematográfica.
Trayectoria de gran actor
En lo que respecta a Javer Bermejo, el leonés suma así un nuevo proyecto a su carrera, en la que demuestra la versatilidad necesaria para combinar el teatro, tal vez su gran especialidad y pasión, con otras posibilidades interpretativas en cine, televisión y series. De hecho, Bermejo ha trabajado sobre las tablas de los teatros más importantes de España, formando parte de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el Centro Dramático Nacional y la célebre compañía vallisoletana Teatro Corsario.
Entre sus experiencias más destacadas ha compartido escenario con figuras como Ana Belén o Lluís Homar, y bajo la dirección de maestros como José Carlos Plaza. Recientemente ha protagonizado adaptaciones de gran calado como la versión teatral de 1984 de George Orwell en Madrid y encarnado a Pacífico Pérez en Las guerras de nuestros antepasados.