Diario de León

La antigua forma de organizarse que todavía conservan más de 1.200 pueblos de León

León cuenta con 1.226 entidades locales menores repartidas entre sus 1.406 pueblos, una estructura profundamente ligada a la tradición concejil que permite gestionar desde montes y pastos hasta escuelas, consultorios y otros bienes del común

Junta vecinal de Armunia.

Junta vecinal de Armunia.Virginia Moran

Patricia de la Torre
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En León, un pueblo puede tener su propio patrimonio, gestionar montes y pastos y contar con una institución local encabezada por un presidente o alcalde pedáneo. Detrás aparece una forma de organización que conecta la vida rural contemporánea con una tradición desarrollada durante siglos: los concejos y las actuales juntas vecinales.

Las dimensiones sorprenden incluso dentro del mapa español. De los 1.406 pueblos de la provincia de León, 1.226 tienen la consideración jurídica de entidades locales menores, según los datos difundidos por la Diputación de León y su Instituto Leonés de Cultura (ILC). La provincia reúne además alrededor del 33% de todas las entidades locales menores de España.

Su arraigo ha llevado al ILC a impulsar iniciativas específicas para divulgar este patrimonio. El pasado 12 de septiembre, el Museo de los Pueblos Leoneses acogió el primer 'Gran Concejo', una convocatoria dirigida a las más de 1.200 juntas vecinales de la provincia y concebida para poner en valor esta singular forma de organización local.

Gran Concejo promovido por el ILC que se celebra en Mansilla de las Mulas (León)

Gran Concejo promovido por el ILC que se celebra en Mansilla de las Mulas (León)Carlos S. Campillo

Los concejos de León nacieron alrededor de las decisiones de los vecinos

Para comprender las juntas vecinales leonesas actuales conviene mirar varios siglos atrás. El concejo abierto designaba históricamente la reunión de los vecinos de una localidad para decidir asuntos de interés común. La propia definición jurídica e histórica recoge su presencia durante la Edad Media y su pervivencia posterior en determinados territorios, entre ellos León.

La esencia resulta fácil de visualizar: vecinos reunidos para tratar los asuntos del pueblo. La convocatoria podía realizarse mediante campanas, pregones y otros procedimientos tradicionales. La legislación de Castilla y León todavía contempla estas fórmulas para las entidades que funcionan bajo régimen de concejo abierto.

Esa capacidad de decisión estaba ligada a otra pieza fundamental del mundo rural: los bienes comunes. Montes, pastos y otros recursos requerían reglas compartidas, acuerdos y una organización capaz de administrarlos pensando en el conjunto de la comunidad.

Con el paso de los siglos llegaron cambios administrativos y jurídicos, mientras buena parte de aquella cultura concejil permaneció integrada en los pueblos.

Gran Concejo promovido por el ILC que se celebra en Mansilla de las Mulas (León)

Gran Concejo promovido por el ILC que se celebra en Mansilla de las Mulas (León)Carlos S. Campillo

Las juntas vecinales de León gestionan el patrimonio de cada pueblo

La expresión contemporánea de ese arraigo aparece en las juntas vecinales, jurídicamente entidades locales menores. Cada una posee capacidad para administrar el patrimonio que pertenece a su localidad dentro del marco establecido por la legislación.

La Diputación de León resume la dimensión de ese patrimonio con ejemplos muy cercanos a la vida cotidiana: las juntas pueden gestionar escuelas, consultorios, teleclubs, pastos y montes, entre otros bienes comunales.

Esto explica una particularidad que sorprende a quien observa el mapa administrativo desde fuera. Un mismo municipio puede incluir diferentes pueblos y, dentro de él, varias localidades pueden disponer de su propia junta vecinal para gestionar los asuntos y bienes correspondientes a cada núcleo.

La junta vecinal cuenta con un presidente o alcalde pedáneo y vocales. Esa estructura institucional convive en determinados lugares con la tradición de reunir a los habitantes para debatir cuestiones de interés colectivo.

La concejala del PP, Mari Crespo, con papeles delante del centro cívico de Fuentesnuevas, con otros integrantes de la anterior Junta Vecinal.

La concejala del PP, Mari Crespo, con papeles delante del centro cívico de Fuentesnuevas, con otros integrantes de la anterior Junta Vecinal.ANA F. BARREDO

Las 1.226 entidades locales menores leonesas equivalen a juntas vecinales, mientras el concejo abierto constituye una forma específica de gobierno y participación vecinal. Por eso resulta más preciso hablar de la supervivencia de la tradición concejil que afirmar que los 1.226 pueblos funcionan hoy mediante asamblea abierta.

En las entidades acogidas al régimen de concejo abierto, la Asamblea Vecinal asume las atribuciones que corresponderían al pleno. La normativa exige para constituirla un quórum de al menos un tercio de sus miembros y la presencia del alcalde y del secretario, o de quienes los sustituyan. La convocatoria puede comunicarse mediante pregón, anuncios u otras formas tradicionales.

La imagen de los vecinos reuniéndose para decidir conserva así una traducción jurídica contemporánea en determinados núcleos.

Ese modelo permite entender por qué palabras como concejo, común o junta vecinal poseen en León un significado que rebasa la terminología administrativa. Hablan también de una determinada relación entre el pueblo, sus habitantes y aquello que pertenece a la comunidad.

Representantes municipales, de la protectora, de la Junta Vecinal de Santo Tomás de las Ollas y el veterinario encargado de las esterilizaciones. L DE LA MATA

Representantes municipales, de la protectora, de la Junta Vecinal de Santo Tomás de las Ollas y el veterinario encargado de las esterilizaciones. L DE LA MATA

Las más de 1.200 juntas vecinales convierten a León en un caso singular en España

La cifra termina de explicar la dimensión del fenómeno. Una de cada tres entidades locales menores españolas está en la provincia de León, según el Instituto Leonés de Cultura. La institución se extiende además por todas las comarcas leonesas.

Su supervivencia permite que estructuras nacidas de una cultura de gestión comunitaria sigan presentes en pleno siglo XXI. El escenario ha cambiado: las campanas comparten espacio con convocatorias administrativas, presupuestos, subvenciones y obligaciones burocráticas. El principio que explica su origen continúa reconocible: determinados asuntos del pueblo se gestionan desde el propio pueblo.

León guarda de esta manera algo bastante más profundo que una peculiaridad administrativa. Conserva una cultura del común con siglos de historia que todavía interviene en la gestión cotidiana de sus pueblos.

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