Diario de León

Llanos de Alba recuerda su historia

Tres años de investigación, fotografías y conversaciones con vecinos han dado forma a ‘Historia Pequeña y Pequeñas Historias’, un libro de Javier Molina

Entre las páginas del libro se pueden encontrar diversas imágenes antiguas sobre el terreno. dl

Entre las páginas del libro se pueden encontrar diversas imágenes antiguas sobre el terreno. dl

Ismael García
Publicado por
León

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Cuando llegó a Llanos de Alba, hace casi cuatro años, no sabía exactamente qué historia se escondía detrás de las casas y las calles del pueblo. Tampoco tenía previsto escribir un libro. Fue, sencillamente, la curiosidad la que puso en marcha el proyecto. «Quería saber a dónde venía a vivir, qué había allí y qué historia había», explica Javier Molina, autor de Historia Pequeña y Pequeñas Historias, una obra dedicada a reconstruir el pasado de esta localidad leonesa desde sus orígenes hasta episodios y recuerdos más recientes.

El punto de partida fue comprobar qué se había escrito anteriormente sobre Llanos de Alba. Y la sorpresa llegó pronto: apenas existía bibliografía específica. Más allá de un trabajo del historiador José Sánchez Badiola, las referencias eran escasas. Así comenzó una investigación que terminaría prolongándose durante cerca de tres años. Archivos históricos y diocesanos, bibliotecas, documentación antigua y, sobre todo, testimonios de los vecinos fueron convirtiéndose en las piezas de un particular puzle. «Encuentras algo, de ahí vas tirando y te lleva a otra cosa. Al final vas hilando», resume.

Ermita de Santa Lucía

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Un pueblo con historia

El libro recorre distintos capítulos de la historia de Llanos de Alba. Entre ellos, la formación de la población a partir de pequeñas aldeas, el origen de la iglesia y su posterior vinculación con la Catedral de León. Uno de los aspectos que más llamó la atención al autor fue precisamente la particular situación eclesiástica de la localidad. Mientras buena parte de los pueblos de la montaña estaban vinculados a la diócesis de Oviedo, Llanos de Alba quedó integrado en el Obispado de León.

También ocupa un espacio destacado el castillo. Aunque en la actualidad apenas quedan algunos restos de sus murallas, Javier Molina considera que su importancia histórica ha quedado en cierto modo eclipsada por su estado actual. «Está prácticamente derruido, quedan cuatro restos de la muralla, pero tuvo una historia interesante para el pueblo», señala. A ello se suman capítulos dedicados a la parroquia, las escuelas, documentos históricos y otros aspectos de la vida cotidiana que permiten reconstruir cómo fue evolucionando la localidad.

Procesión

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Investigar para entender

El proyecto tiene, además, un componente personal. El autor no nació en León ni tenía una vinculación familiar previa con Llanos de Alba. Precisamente por eso, el libro nació como una forma de conocer mejor el lugar al que acababa de llegar. Ya había realizado anteriormente un trabajo sobre Babia relacionado con tradiciones orales, lo que le había familiarizado con la búsqueda de documentación y la reconstrucción de historias locales. En Llanos de Alba volvió a aplicar una fórmula similar: buscar fuentes, contrastar documentos, localizar nombres y después acudir a los vecinos para completar las piezas que faltaban.

«Al principio es complicado que la gente se abra y te empiece a contar», reconoce. La estrategia consistía en ir ganando confianza y aprovechar cada dato obtenido para encontrar nuevas pistas. Un nombre llevaba a otro, una historia conducía a otra persona y, poco a poco, el relato colectivo comenzaba a tomar forma. El trabajo se desarrolló durante el tiempo libre, compaginándolo con el resto de sus ocupaciones. «Un par de horas o tres al día, lo que pueda», explica. Y aunque la redacción y el montaje final del libro exigieron tiempo, reconoce que disfrutó especialmente de la investigación: «Me encanta casi más la parte de investigar, de buscar, que después montar todo».

Carreteros

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«Todos los pueblos tienen su historia. Más grande, más pequeña, pero todos tienen sus historias», defiende, ya que, cuando empezó tuvo anécdotas donde personas del pueblo le decían entre risas sobre qué iba a escribir, si no hay nada. Y precisamente esa es una de las ideas que atraviesan el libro: demostrar que detrás de lo que puede parecer un pequeño núcleo de población existe una sucesión de acontecimientos, personajes y vidas cotidianas que merece ser conservada.

Todos los pueblos tienen su historia. Más grande, más pequeña, pero todos la tienenJavier Molina

La memoria de las familias

La publicación ha tenido también una vertiente inesperada: para algunos vecinos, el libro se ha convertido en una forma de reencontrarse con su propia historia familiar. El autor recuerda el caso de una vecina que le contó que, gracias al libro, había podido conocer aspectos de la vida de sus bisabuelos que desconocía. Son historias pequeñas, pero precisamente por eso adquieren un valor especial. Una viuda que vuelve a casarse, una familia, una profesión o un episodio de la vida cotidiana pueden convertirse, con el paso de las generaciones, en fragmentos de una memoria que corre el riesgo de desaparecer.

«Sé que les estoy contando mucho más de lo que sabían», reconoce el autor, aunque insiste en hacerlo sin grandes pretensiones y desde el interés por documentar aquello que todavía permanece en la memoria colectiva. La investigación documental se ha complementado con una importante colección fotográfica.

Parte de las imágenes procede de fondos conservados y digitalizados por el presidente de la Junta Vecinal, que facilitó material para la elaboración del libro.

Fotografías antiguas, documentos, mapas y otros testimonios gráficos ayudan a poner rostro y contexto a las historias recogidas en sus páginas.

El resultado es una publicación que pretende ir más allá de una recopilación de datos históricos. Es también un intento de conservar la memoria de un pueblo y de quienes lo habitaron.

Tres años después de comenzar aquella búsqueda casi por curiosidad, el autor ha conseguido reunir una parte de la historia de Llanos de Alba. Una historia que, como tantas veces ocurre en los pueblos, estaba ahí, repartida entre archivos, documentos, fotografías y recuerdos de sus vecinos.

Solo hacía falta que alguien se decidiera a juntar las piezas.

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