Cuando la memoria se convierte en arte
La fotógrafa leonesa Julia G. Liébana expone en Francia su obra, que forma parte de una muestra colectiva en la histórica Villa Aurélienne de Fréjus y comparte espacio artístico con las creaciones de otros 40 artistas

A la izquierda, algunas de sus obras de ‘Texturas del tiempo’, a la derecha, Julia G. Liébana.
Conseguir impregnar sentimientos de añoranza y memoria a través de una serie de fotografías no es una tarea fácil. Sin embargo, la artista leonesa Julia G. Liébana ha sabido captar esa esencia de forma magistral a través de su serie de fotografía creativa Texturas del tiempo. Este profundo trabajo ha sido seleccionado para exponerse en Francia, concretamente en el increíble edificio histórico de inspiración renacentista italiana, la Villa Aurélienne, situada en la localidad de Fréjus. Las obras de la creadora leonesa visten los salones de este encantador lugar, compartiendo espacio y diálogo artístico con las creaciones de otros 40 artistas procedentes de hasta 27 nacionalidades diferentes.
Este importante hito internacional no constituye un hecho aislado en la trayectoria de la fotógrafa, sino que consolida su creciente proyección al otro lado de los Pirineos. No en vano, esta supone la tercera ocasión consecutiva en la que Julia G. Liébana expone de manera ininterrumpida en el país galo. Cabe recordar que el año pasado su talento ya conquistó al público y a la crítica al formar parte de la programación del prestigioso Festival Off de los Encuentros Fotográficos en Arles. Texturas del tiempo se erige, sin duda, como uno de los proyectos más íntimos y personales de su carrera. Según cuenta la propia artista, el germen de la idea surgió en el año 2019, cuando decidió visitar, en compañía de su madre, la antigua casa solariega de sus antepasados. Al cruzar el umbral, una profunda emoción se removió en su interior al comprobar que la atmósfera se mantenía intacta, como detenida en el tiempo: la ropa de cama, la vajilla tradicional y la chimenea conservaban el rastro de la vida cotidiana de antaño. Aquella estampa cargada de nostalgia despertó su inquietud artística, animándola a recopilar objetos personales y familiares para dar forma a una serie cuyo propósito central es transitar a través del pasado y exteriorizar la memoria a través de la materia. Gracias a este minucioso proceso de arqueología sentimental, el público que visita la exposición puede contemplar piezas tan evocadoras como la primera cómoda que compartieron sus padres al mudarse a su primer piso juntos, antiguos cuadros de temática religiosa pertenecientes a sus abuelos, retratos de familiares y diversas prendas de vestimenta histórica. Asimismo, la propuesta destaca por el uso simbólico de la figura femenina —unas veces nítida y perfectamente definida, y otras completamente difuminada—, un recurso visual con el que la fotógrafa representa el delicado limbo que existe entre la ausencia y la presencia, así como la innegable fugacidad de la vida humana. Lejos de detenerse ante este éxito internacional, el horizonte creativo de Julia G. Liébana se presenta de lo más dinámico y prometedor. La artista ha adelantado que actualmente se encuentra trabajando de manera simultánea en varios frentes.