Diario de León

El filósofo Gustavo Bueno abrió las jornadas «Genio, locura y creatividad», en las que participó la escritora Ángeles Caso y destacados psicoanalistas

Entre la genialidad y la locura

Temas tan sugestivos como la relación que existe entre la literatura y la creación artística c

El filósofo Gustavo Bueno, junto al catedrático Manuel Esteban Sánchez, durante su ponencia de ayer

El filósofo Gustavo Bueno, junto al catedrático Manuel Esteban Sánchez, durante su ponencia de ayer

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Emilio Gancedo/Efe - LEÓN.

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Las jornadas Genio, locura y creatividad arrancaron ayer en el salón de actos del Centro Cultural Caja España con las mejores expectativas de éxito: en el día de su inauguración se pudo comprobar cómo los temas abordados resultaron de gran interés para los asistentes, los ponentes fueron todos expertos en sus respectivas materias y un público numeroso acudió a las charlas e intervino activamente en las mesas redondas. El primer profesional que participó en las jornadas, y cuya conferencia inaugural sirvió para abrir este ambicioso programa de actos en el que participan un centenar de expertos fue el filósofo Gustavo Bueno, cuya ponencia llevaba por título precisamente el que da nombre a las jornadas: Genio, locura y creatividad. Bueno profundizó, fundamentalmente, en la dificultad que entraña la catalogación de «genio», que, a su juicio, «sólo puede conceder el paso del tiempo y la perspectiva histórica». «La genialidad es un concepto cultural con el que, habitualmente, se distingue a las personas que tienen un coeficiente intelectual muy alto, pero también hay genios idiotas o imbéciles», ironizó el filósofo. «Un famoso estudioso ya dijo que una dolencia de locura no es un pasaporte para el Parnaso, lo cual quiere decir que el que uno sea un loco no quiere decir que sea un genio», enfatizó el pensador, que admitió la posibilidad de que sufrir determinadas discapacidades físicas o mentales potencie la capacidad creativa como «fórmula de escape» para desarrollar su personalidad. Dentro de esta cuestión, uno de los profesionales que quizá la abordaron desde una perspectiva más original fue Luis Salvador López Herrero, médico y psicoanalista. Su ponencia La certeza trágica de Dalí, expuesta dentro de la mesa Literatura, psicopatología y psicoanálisis, describió con acierto el significado de lo que Salvador Dalí denominaba «método paranoico-crítico». López Herrero citó al artista de Cadaqués en diversas ocasiones como en la frase: «lo único que me distingue de los locos es que yo no lo soy». Su sistematización, por medio de ese particular método, de la manera delirante en la que él percibía la realidad y su conversión de esta percepción en materia artística fue abordada por Herrero. Las ideas obsesivas y traumas de la personalidad daliniana pasaron, en su caso, a convertirse en creaciones que perduraron en el tiempo. Por su parte, la escritora asturiana Ángeles Caso habló del poso cultural, social y familiar que subyace en el actuar de todos los seres humanos y que, de alguna manera, condiciona todo nuestro quehacer diario, también en el caso del artista. Su pregunta final aludía al que es el último y verdadero intento de todo creador y, casi, de toda persona: el acercamiento y comprensión del otro, del semejante, algo que, desde el punto de vista psicoanalítico, no es posible, pero sí vital para el crecimiento y madurez de los individuos. Como resumen pueden reseñarse las palabras del miembro fundador del Círculo Psicoanalítico de León, Antonio García, quien comentó que la asociación de los conceptos de locura y genialidad «es un estereotipo del que ya habló Cervantes, presentando a un Alonso Quijano que, de tanto leer y estudiar, se volvió loco». «No hay una relación causa-efecto entre los síntomas de la locura y la creación», sentenció García, que sí constató el fenómeno de que determinadas personas «intenten solucionar su enfermedad mental a través del arte» y del que puso como ejemplo al escritor James Joyce, «que era un psicótico que consiguió no desestabilizarse gracias a la literatura».

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