Cumpliendo sus deseos, la protagonista de títulos como «Historias de Filadelfia» será enterrada en la intimidad
La última diosa de Hollywood
Katharine Hepburn fallece en su casa de Connecticut a los 96 años de edad
«Lleva tu propio barco». Ese fue el consejo que le dio su padre y que Katharine Hepburn siguió durante toda su vida. La actriz más admirada de Hollywood, la única que ha logrado cuatro premios Oscar, falleció en la noche del domingo a los 96 años en su casa de Old Saybrook (Connecticut) rodeada de sus seres queridos. Cumpliendo su deseo, el entierro de la inolvidable protagonista de Historias de Filadelfia , La fiera de mi niña y La reina de África será privado. De porte aristocrático, la alta, delgadisíma y decidida Katharine Hepburn, cuya última aparición en la gran pantalla fue en 1994 con Un asunto de amor , padecía cáncer de piel y la enfermedad de Parkinson y no hizo más películas porque los guiones que recibía no le agradaban. «Los guiones que me presentan sobre ancianos me parecen aburridos», decía la independiente y temperamental actriz pelirroja, de piel pecosa y ojos vivos, que para unos eran grises y para otros verdes. De mirada y lengua afilada, Katharine Hougton Hepburn, su verdadero nombre, vivió el día a día. La actriz, que parecía incombustible, fue un espíritu libre que hizo lo que quiso y cuando quiso. Llevó pantalones cuando nadie se atrevía a hacerlo, rompió el canon de belleza que imperaba en la glamourosa meca del cine y desafió la moral convencional por la relación que mantuvo durante 26 años con un hombre casado y católico, el actor Spencer Tracy. Los años alteraron muy poco el ritmo de vida de la actriz que, fiel a su imagen de antidiva, no ocultó su edad, su cuello arrugado y sus temblores. Hepburn, que hasta cerca de los 90 años practicó sus deportes favoritos , tenía cuatro Oscar en su haber; Gloria de un día , El león en invierno , Adivina quién viene a cenar esta noche y En el estanque dorado -, tres de ellos después de haber cumplido los 50 años, y, según sus propias palabras, cuando todavía no había hecho el mejor papel de su vida. A pesar de ser la actriz más laureada de Hollywood, jamás atendió una ceremonia de los Oscar y jamás tuvo interés con algo que tuviera que ver con su grandeza en la meca del cine. «Los premios no son nada», llegó a decir en una entrevista. Hija de un cirujano de origen irlandés y de una feminista de la época, Hepburn, que a los 15 años quedó marcada por la muerte en trágicas circunstancias de su hermano mayor, se doctoró en Psicología y debutó profesionalmente con la obra La Zarina (1928) en Broadway. Posteriormente fichó por RKO y consiguió su primer Oscar por Gloria de un día . Tenía 23 años. Estrella gracias a títulos como Sueños de juventud , Damas del teatro y, sobre todo, a la comedia que interpretó con Cary Grant, La fiera de mi niña , Hepburn volvió al teatro para representar una obra escrita especialmente para ella: Historias de Filadelfia , pieza que tuvo tal éxito que la Metro la llevó a la gran pantalla, en la que la actriz apareció con los galanes Cary Grant y James Stewart. Historias de Filadelfia se filmó en 1940, dos años antes de que la actriz conociera al que fue el gran amor de su vida, Spencer Tracy. En las comedias que compartió con él ; La costilla de Adán , Sin amor , Su otra esposa y Adivina quién viene a cenar esta noche , último trabajo de Tracy y segundo eunuco dorado para la actriz, Hepburn representó a un tipo de mujer americana casi siempre enfrentada a su pareja por motivos profesionales. Hepburn, que a los 19 años contrajo matrimonio con un aristócrata de Filadelfia, mantuvo un romance «muy curioso» con el multimillonario Howard Hughes, y a los 33 conoció a su pareja, Spencer Tracy, que estaba casado y nunca se divorció porque era católico y no quería hacer daño a su esposa, que estaba inválida. «Conocer a Spencer, el mejor actor del mundo, es lo mejor que me ha pasado en la vida», manifestó en numerosas ocasiones esta actriz que no tuvo hijos y que tras la muerte de Tracy no volvió a hablar de amor en su vida. Se metió en los roles que le gustaban y no se arrepintió de haber rechazado el papel de Escarlata O'Hara en Lo que el viento se llevó . «No era un personaje para mí», aseguró una mujer que no se consideró nunca una belleza. «Sólo una chica fuerte que nunca tuvo miedo al paso del tiempo ni al fracaso. De alguna manera he vivido mi vida como un hombre, he tomado mis propias decisiones. He estado tan aterrorizada como quienes estaban a mi lado, pero hay que seguir, seguir y soñar». Y concluía: «No tengo miedo a la muerte, debe ser como un largo sueño, pero es cómo vives lo que realmente cuenta».