Diario de León

Las voces en estado de gracia de la Petite Bande ponen broche de oro al Festival de Órgano

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Miguel Ángel Nepomuceno - león
León

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En 1972 una pequeña formación barroca que se daba a sí misma el nombre de Petite Bande fue creada por Sigiswald Kujiken tras la grabación que realizaron para la compañía Deutsche Harmonia Mundi de Le bourgois Gentilhomme, de Lully, bajo la dirección de Gustav Leonhardt. Desde entonces este prestigioso grupo se ha encaramado al primer lugar entre sus homónimos a base de ofrecer unas lecturas extremadamente fieles al original con unas voces privilegiadas que son lo mejor de él. La Petite Bande no necesita de un líder porque todo ella es una compacta formación en la que cada uno de sus miembros es reconocido internacionalmente como especialista en el campo de la música antigua. Después de muchos años de interpretar la obra vocal de Bach (motetes, misas, cantatas...) con un coro, en el sentido tradicional, Kuijken desarrolló una hipótesis de trabajo en la cual utiliza solistas en las partes corales, dando como resultado una interpretación más transparente, haciendo que sus acrobacias vocales sean más orgánicas y creíbles. Con los seis grandes motetes de la producción bachiana La Petite Bande clausuró ayer la XX edición del festival Internacional de Órgano Catedral de León en uno de esos conciertos que además de ser únicos dan categoría y prestigio a cualquier evento en el que se programen. Cada una de las ocho voces que componen este dúctil y afinado grupo, dos sopranos, dos tenores, dos contraltos y dos bajos, junto a los 11 músicos que integran la orquesta de instrumentos originales, otorgaron a cada uno de los motetes ese aire de ineluctabilidad tan característico en Bach y mostraron su perfecta conjunción así como la forma de hacer por uno de los grupos más sofisticados y perfectos del momento. Las hermosísimas voces de las dos sopranos Inge Van der Kerkhoven y Marie Kuijen, la primera de una transparencia cristalina y la segunda de un timbre cálido y sedoso fueron tal vez lo más resaltable del conjunto, sin menospreciar a las maravillosas contraltos como Petra Noskaivá de una sutileza idiomática y una vocalidad de otra dimensión o Patricia Hardt cuya voz redonda y sugerente apoyó en todo momento el contracanto de su colega. A la misma altura los tenores y bajos que bordaron cada intervención. Tanto el Jesu Meine Freude como el Singet dem Herr, dos de los más conocidos motetes bachianos, alcanzaron cotas difícilmente superables y fueron servidos con esa expresividad que no deja lugar al adjetivo porque necesita ser escuchado para poder explicarse. Un concierto que marca un antes y un después en la trayectoria del Festival de Órgano que un año más ha vuelto a ser modélico.

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