El pianista de «Buena Vista Social Club» falleció en La Habana a los 84 años de edad
La música cubana se viste de luto por la muerte del pianista Rubén González
El músico se mantuvo en los escenarios hasta que hace un año la artrosis le postró

Rubén González, en una foto tomada en una de sus últimas giras por España, en el año 2000
La música cubana vuelve a estar de luto tras la desaparición del pianista Rubén González, uno de los más reconocidos miembros del popular «Buena Vista Social Club», que falleció el lunes en La Habana a los 84 años. El músico, ganador de un Grammy en 1997 por el álbum «Buena Vista», murió en su casa de la capital cubana víctima de un fallo cardiorrespiratorio, tras una larga enfermedad. Conocido como «el hombre piano» en círculos musicales cubanos, Rubén González se había retirado de los escenarios hace más de un año, aquejado de una artrosis generalizada que le postró en la cama hace meses y que le provocó la muerte, según los médicos que le atendían. «Presentaba un cuadro grave generalizado, pero murió de un fallo cardiorrespiratorio», explicó la doctora Odemis Enríquez. Rubén González aprendió los secretos de la clave cubana con Arsenio Rodríguez, conocido como el «Coloso del Son», y comenzó a tocar en locales de baile de Marianao, un populoso barrio de La Habana, en los años 40. De las salas de baile saltó a tocar en grupos como «América del 55» y prestigiosos cabarés de la década de los 50 (Parisien, Sans Souci), hasta llegar a convertirse en una figura de la orquesta del Tropicana. Años después, cuando su carrera parecía acabada, las puertas de los escenarios de todo el mundo se abrieron para él de la mano del músico estadounidense Ry Cooder, impulsor del proyecto «Buena Vista Social Club», que reunió a viejas glorias de la música cubana como Ibrahim Ferrer, Francisco Repilado («Compay Segundo») y Omara Portuondo. Con «Buena Vista», Rubén González tuvo oportunidad de grabar temas propios y éxitos tan reconocidos como «Siboney» de Ernesto Lecuona; «Almendra» de Abelardito Valdés; «Tres lindas cubanas», de Guillermo Castillo; y el «Cumbanchero», de Rafael Hernández. En una de sus últimas entrevistas, el pianista reconocía que le habría gustado que el éxito le llegara en plena juventud, cuando era un apuesto «noviero» al que decían «el mulato nuevo», aunque admitía también que «más vale tarde que nunca». El músico cubano Juan de Marcos González, uno de los gestores del proyecto «Buena Vista», explicó anoche que, junto a Lili Martínez y Peruchín (Pedro Justiz), Rubén «fue uno de los más grandes pianistas cubanos de su época». Los tres impulsaron el llamado «piano con mona» (a contratiempo), una especie de funky cubano que creó escuela para la música latina. «Haberlo conocido en plenitud de facultades y haberlo dirigido fue para mí un privilegio, porque logramos hacer mucho trabajo musical de altos valores», recordó Juan de Marcos González. Tras su trabajo en «Buena Vista», el guitarrista Ray Cooder comentó que Rubén era «el mejor solista de piano que he oído en mi vida». A pesar de que su larga enfermedad era conocida, su muerte ha sacudido al mundo musical cubano, que este año perdió también a otro grande de «Buena Vista», a «Compay Segundo», conocido como el patriarca del son. «Compay» falleció el 14 de julio, a los 95 años, como consecuencia de una insuficiencia renal complicada con problemas metabólicos. Antes habían desaparecido otros dos reconocidos miembros del experimento «Buena Vista»: los cantantes Manuel «Puntillita» Licea, que falleció en diciembre de 2000, y el vocalista Raúl Planas, veterano de la «Sonora Matancera».