Diario de León

De cuando Charlie Chaplin se hacía llamar Charlot

La Filmoteca de Caja España dedica un ciclo al inolvidable actor y director británico, con cinco de sus mejores películas, que se proyectará simultáneamente en León y en Ponferrada

Charlot y Jackie Coogan en el primer filme, «El chico», de 1921

Charlot y Jackie Coogan en el primer filme, «El chico», de 1921

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Ricardo Suárez - león
León

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Representa una de las imágenes más poderosas que ha ofrecido el séptimo arte en toda su historia, un referente artístico y social que trasciende su propia persona para transformarse en un icono de masas que, años después de su muerte, compite en los puestos de los mercadillos con el Che Guevara, Marilyn Monroe o James Dean. La figura menuda de un hombrecillo vestido con un chaqué y un sombrero de hongo varias tallas mayores, que luce un ridículo bigotillo y se apoya torpemente en un junco, mientras camina con unas enormes botas que le hacen tambalearse, forma parte de la memoria colectiva desde que, en los albores del cine, Charlie Chaplin decidiera crear a Charlot. Hijo de actores judíos de Music Hall, Chaplin tuvo la genial inspiración de crear un personaje, un ingenuo vagabundo con modales de caballero, que sobrevive gracias a la picaresca, que comenzó a ser presencia habitual en las proyecciones de las primeras salas de cine. La enorme productividad del cómico, que además de protagonizar los cortometrajes se encargaba de su realización, corrió paralela a la mejora de las condiciones en las que rodaba. Tras su primer largometraje, El Chico, una sensible historia sobre un niño vagabundo, inició una de las alianzas artísticas más legendarias de la historia del cine, formando con Douglas Fairbanks, Mary Pickford y David W. Griffith la productora United Artists. Es en esa nueva etapa cuando el genio del autor se manifiesta en toda su magnitud.En el ciclo que se inicia hoy en la filmoteca de Caja España se rescatan cinco de sus películas más representativas comenzando con El chico , una deliciosa tragicomedia coprotagonizada por un vagabundo, que supuso su primer éxito comercial; y El circo, un título que realizó siete años después, cuando ya era una auténtica estrella mundial, con el que sentó las bases de una forma de entender el humor que se ha hecho universal. La cita de mañana martes se detiene en La mujer de París, una cinta que le reportó uno de sus pocos fracasos comerciales, por no presentarse ante el público de la forma habitual. Un melodrama, que esconde un ataque a la sociedad norteamericana, no era lo que la audiencia esperaba del protagonista de aquellos divertidos cortometrajes. Tras resarcirse con La quimera del oro y Luces en la ciudad (títulos que no están presentes en la muestra) rodó Tiempos modernos (miércoles), una inspirada parodia de los problemas planteados por la mecanización industrial. Pese a haber pasado casi veinte años desde la irrupción del cine sonoro, fue planteada como película muda, introduciendo leves efectos sonoros e incluso una ininteligible canción compuesta con palabras de diferentes idiomas. El título elegido para cerrar el ciclo el próximo jueves, El gran dictador , fue uno de los más ambiciosos de su carrera. Hitler, Mussolini y el fascismo fueron el objeto de las burlas del cómico en unos tiempos en los que EE.UU. aún no había entrado en la Segunda Guerra Mundial. Cuatro películas más, incluyendo la excelente Candilejas , completaron la filmografía de un cineasta visionario e inspirado que es parte de la propia invención del cine. Historia con mayúsculas.

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