Componente de Los Secretos
«Fuimos unos transgresores»

-Tengo entendido que a usted le gustan poco las entrevistas -Depende, me suelen gustar cuando son inteligentes porque suelo tener cosas que contar. -¿Y qué es lo que le gusta contar en sus entrevistas? -Es que a mí lo que me disgusta es cuando un periodista viene con una idea preestablecida con los clichés o modas estandarizados. Creo que Los Secretos no somos un grupo que encaje dentro de ningún formato, la gente no entiende muy bien que un grupo pueda vivir veinticuatro años en activo, con una carrera más o menos continuada después de todo lo que no ha pasado. Hay ciertas cosas que no encajan del todo en los perfiles que los entrevistadores tienen de antemano. No entienden por qué se pueden hacer este tipo de discos, piensan que son recopilaciones sin más. -«Con cierto sentido» es una grabación de conciertos en teatro y con orquesta de cuerda. ¿Un homenaje a la música clásica? -A mí, la compañía de discos un día me comenta que el formato DVD tiene muy buena calidad de imagen y una excelente salida de audio. Lo que les dije es que un concierto al uso no me parecía bueno para nuestra carrera y se me ocurrió la idea de grabar en teatro. A finales de los ochenta hicimos un formato que luego se puso muy de moda con los unplugged . En los shows en directo hacíamos doce canciones en acústico en medio del concierto. -Le encanta la idea de hacer un concierto en un teatro, pero al hacerlo así, se está cargando de un plumazo lo que lleva siempre consigo un concierto: las copas, el humo del tabaco y de otras cosas, el dar saltos, que la gente cante... -Es que yo creo que los conciertos deberían ser también en teatro. Yo he visto a Van Morrison en La Riviera (sala de Fiestas de Madrid) y en el Palacio de Congresos y prefiero mil veces esto último porque se aprecia mucho mejor, donde la música es el foco principal, juegas con el silencio y el máximo del silencio lo das tú, no lo da el ruido de las copas, está pensado para que acústicamente funcione bien... Sé que la gente une el concepto rock and roll con jolgorio y copas, pero no todos pensamos así. Si lo ves en teatro hay un poco más de respeto. Todos sabemos que la música es divertida y está asociada al ocio. Ni una cosa ni otra, ni quiero estar en la ópera de Milán ni en una discoteca con el pum pum. -Y lo de banda madrileña... -No, para nada. Éramos una banda de Madrid al principio porque eres de donde naces y porque cuando empezamos nuestro público en un setenta por ciento eran nuestros amigos. Es que se ha idealizado todo. A mí me hace mucha gracia cuando la gente habla de la movida madrileña. Hasta que no se grabaron los primeros discos de cada artista y cada grupo tuvo su difusión eso no tuvo tamaño. La movida madrileña no fue más que mucha gente que se quería divertir. Yo he sido testigo, no voy a decir sus nombres, de grupos que se creaban tomando copas en una barra de un bar. ¿Y tú que tocas? Yo la guitarra ¿y tú? el bajo, pues vamos a formar un grupo. Y a los pocos meses, por no decirte un año tenían a lo mejor un disco, el único de su carrera. (En este momento de la entrevista la hija de Álvaro, de menos de dos años, grita algo que no acierto a entender, lo que provoca la risa de su padre y nos hace desviar la conversación). -¿Su hija ha escuchado ya sus discos? -Si y le gustan mucho (risas), bueno no sabe muy bien claro... Lo que te iba comentando es que aquello era algo pequeño, lo que sí es cierto es que fue transgresor porque se venía de un momento de pocas libertades y a todos nos pilló con muchas ganas de divertirnos. Yo tenía entre diecisiete y veinticinco años y el tema de la movida surgió influido por la ola de música que en aquella época se vivía en Europa. Tenías que investigar y hacer seguimiento, no ibas a una tienda y veías lo más vendido de Europa, te tenías que ir a casa de un amigo que los tuviera y grabártelo en casette. Te ibas embebiendo de la cultura musical. Con todo mi cariño lo digo pero ahora, muchos fans de Los Secretos no saben quién es Bob Dylan, Los Jackson Brown, los Birds, no aprecian ese tipo de música del que nosotros hemos bebido. -¿Había exceso de alcohol y las drogas? -Los comienzos de los ochenta fueron muy locos para mucha gente. Yo ahora me río porque entonces era una diversión y ahora lo piensas ¡cómo nos pasábamos!, pero comparado con lo que he visto después con otras personas y los estragos que las drogas hicieron en ellas, creo que tampoco fue para tanto. Éramos muy jóvenes y puede ser que perdiéramos tres o cuatro años de nuestras vidas sin parar de salir de copas. Sí es cierto que en el transcurso de los años uno va cambiando de forma de pensar y puedes pensar que hacías muchas gilipolleces, pero éramos un grupo que nos lo tomábamos muy en serio, intentábamos hacer buena música, algo que perdurara y de lo que sentirnos orgullosos. Los ideales van cambiando. -¿Y ahora cuál es su ideal? -Continuar haciendo lo que siempre he hecho. Es muy complicado porque es un mundo muy volátil. Hemos invertido mucho esfuerzo y tiempo en nuestra carrera aunque no luzca. Yo quiero hacer una cosa digna de la que el día de mañana mi hija se pueda sentir orgullosa. -Ha conocido de cerca el mundo de las drogas. ¿Sabe qué va a hacer cuando su hija tenga 15 años y tenga que advertirle del peligro que supone coquetear con ellas? -Sí me preocupa, sí. Como yo lo he vivido muy de cerca con mi hermano y sé que en casi todas las familias suceda... confío en que tenga la inteligencia suficiente como para no caer en ellas. Le daré la mayor información posible y la mejor educación que pueda. Luego también influirá mucho las amistades que tenga, si tendrá una personalidad frágil o fuerte...confío en hacerlo bien. -Las personalidades fuertes también se construyen... -También, y a base de putadas también.... -Me refiero a que sean muy queridos, atendidos, entendidos y respetados... -Sí, pero a veces un niño muy querido puede ser muy protegido... -De entre su hermano Enrique y usted. ¿A quien se le daban tan mal las chicas? -No es que se nos dieran mal (risas). Es verdad que Enrique tuvo un gran desengaño con una chica que le dejó y que me consta que era el amor de su vida, lo que pasa es que luego él me lo decía: «¡Joder, parece que ahora todas las canciones se las dedico a ella!». Todos bebemos de nuestras experiencias para crear, los actores o los escritores también lo hacen, cantamos las cosas de la vida, pero no creo que nos hayamos inventado nada nuevo. -Los trovadores ya lo hacían. -Está todo muy inventado. De todas maneras te diré que para nosotros era un piropazo que la gente se fijara en nuestras letras, poca gente las hacía así. -¿Puedo preguntarle por su hermano Enrique? -Depende de qué. -¿Cómo se siente ahora que han pasado cuatro años? -Lo de Enrique fue horroroso. Nosotros no sólo formábamos un grupo, es que también era mi hermano y todos los recuerdos de mi vida pasan por él. Viajábamos juntos, tocábamos juntos, compartíamos muchas cosas, éramos un equipo. Yo me he puesto muy de uñas con la gente que sólo ha querido ver tan sólo una faceta de su vida. El número tan impresionante de canciones que hizo y tantas tan realmente buenas... -¿Alguna vez se ha sentido culpable por no haber estado más con él? -No, mira, la verdad es que no. Cuando Enrique murió yo estaba en Zaragoza tocando y a veces he pensado que si no hubiera ido, pero ¿cómo iba a saberlo yo? Yo sé que los que estábamos cerca de él lo queríamos y sé que él se sentía querido, otra cosa es que tuviera un problema más gordo que el amor no podía solucionar. Había tenido una etapa muy mala, pero cuando se murió llevaba seis meses sin tomar nada. Por su hija se sometió a un programa de desintoxicación y bueno... A Enrique cuando le daban bajones... pues, no sé, fue una tragedia de la que me acuerdo siempre por doble motivo, porque era mi hermano y porque veo constantemente a mi sobrina. -¿Qué tal está María, la hija de Enrique? -Guapísima, no es porque sea mi sobrina. Está muy alta, ya tiene nueve años. -La canción de «Agárrate a mi María» era para ella. Premonitoria, ¿no? -Si porque él se conocía mucho y cuando le daban sus bajones, pues... Enrique tenía picos enormes, sus bajones eran de desconexión. No bebía para divertirse sino para quedarse dormido y olvidarse del mundo. Le entraba una angustia muy grande y entonces pillaba lo que podía. Eso le pilló en un momento muy desafortunado, totalmente desarmado, de tal forma que las cosas que tomó le hicieron mucho más daño de lo que él pudo aguantar.