| Reportaje | Pizarrín y catecismo |
Cincuenta años son mucho
La exposición «Pluma, tintero y papel», que se muestra estos días en el Centro Cultural de Caja España en León, recrea las escuelas primarias tal y como eran en el segundo tercio del siglo pasado

Un rincón de la escuela, que no se olvida de ningún detalle
Pluma, tintero y papel es una exposición que interesará por igual a jóvenes y mayores. A estos porque revive con tremendo realismo el escenario de las escuelas que conocieron durante el segundo tercio del siglo pasado. Y a los más jóvenes porque tienen la oportunidad de conocer un mundo que ni sospechan que existiera en la infancia de sus padres o abuelos. La muestra que se presenta en el Centro Cultural de Caja España de la calle Santa Nonia es el resultado del trabajo de un grupo de maestros de la Dirección Provincial de Educación que imparten su magisterio en la vecina Palencia, en un intento por reproducir el escenario de una época, vista desde uno de los escaparates posibles, quizás el más frágil, pero sin duda el que resultó políticamente más manejable y rentable: la escuela. En la exposición se han recreado varias aulas con sus pupitres, la mesa del maestro sobre una alta tarima, el retrato del Jefe del Estado, la bandera con el águila imperial y el Crucifijo presidiendo la clase, las pizarras y sus «pizarrines de manteca», los tinteros de loza, la estufa que aplacaba los rigores invernales, los libros y enciclopedias felizmente censurados y ensalzadores del glorioso Alzamiento Nacional, los grandes mapas geográficos, las láminas sobre las interioridades físicas del cuerpo humano o las aventuras bíblicas de la Historia Sagrada, la caja de los poliedros¿ e, incluso, los altares a la virgen que gozosamente se alzaban en las aulas infantiles durante el florido mes de mayo. La exposición nos habla de la distancia que las autoridades ponían entre alumnos y alumnas, «por razones de moral y eficacia» y la orientación de las niñas hacia los papeles de esposa sumisa y madre de familia eficaz, y las de los niños como caballeros cristianos, cabezas de familia y proveedores del sustento familiar. En la exposición no se deja nada al olvido, allí se encuentran los grandes bidones en los que los americanos enviaban leche en polvo para la mejor nutrición de los infantes, los balones de cuero con los que los alumnos autoaprendían los únicos fundamentos de educación física y, sobre todo, la nostalgia de una época de la historia reciente que se ha perdido en el tiempo. En ella estaban los palotes, los reyes godos, las interminables tablas aritméticas, los verbos más o menos irregulares y las plumas que desperdigaban borrones de forma aleatoria sobre el cuaderno impoluto, y de los que sólo llego la liberación cuando apareció el bolígrafo. Todo esto y más se encuentra en esta entrañable recreación de las viejas escuelas primarias, en una exposición que se ha hecho con todo el cariño por personas que tienen frescas en su memoria unas imágenes irrepetibles y llenas de nostalgia por un tiempo que no fue mejor, pero al que muchos no dudaríamos en regresar. Horario: de 19.00 a 21.00 los días laborables y de 12.00 a 14.00 los festivos.