La noche más corta

La Orquesta Sinfónica de León cerró la temporada del Auditorio con un magnífico concierto en el que se estrenaron obras de tres autores leoneses

La orquesta sinfónica dio el domingo una muestra de maestrýa y brillantez

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M. Á. Nepomuceno - león
León

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Que la música de compositores leoneses está de moda no se puede negar, ya que sus obras no sólo se interpretan en su tierra sino que trascienden nuestras fronteras para escucharse en Madrid, Barcelona, A Coruña, Toulouse, Turín,  Basiela, Chicago, y un largo etcétera. Me hago eco tan sólo en estas líneas de las que me vienen a la memoria en este momento. En lo que llevamos de año nuestros compositores han pasado por los atriles de algunos de los más importantes intérpretes, bien sean pianistas, cantantes, orquestas o grupos de cámara, y figuran en lugares privilegiados dentro de las programaciones de algunas de las salas sinfónicas más importantes del mundo. Todo esto se ha logrado gracias a la labor de difusión  que en los últimos años está llevando a cabo la prensa especializada y al hecho de que los intérpretes leoneses y foráneos las incluyen en sus repertorios. El pasado domingo tuvimos una muestra de ello en el concierto de clausura que la Sinfónica Ciudad de León, a las órdenes de Dorel Murgu,  puso en atril con obras de dos autores leoneses y una compositora cuyas raíces se hunden también en esta tierra: Consuelo Díez. Fernando López Blanco y el ya desaparecido Pedro Blanco fueron los otros dos protagonistas de una noche que se hizo demasiado corta ante la belleza de los programas elegidos y de la calidad de la música que pudimos escuchar. Una música que tuvo dos tendencias bien definidas. Por un lado, el romanticismo teñido de nacionalismo de Pedro Blanco, que sorprendió a los presentes por la frescura de una música teñida de folklore andaluz, y que mostró la pérdida irreparable de un gran compositor en la flor de la vida. Al tiempo, se ponía de manifiesto la hondura expresiva, la sutileza cromática, y toda la paleta de emociones que su música sencilla y a la vez hermosa contenía. Un feliz descubrimiento para nosotros y su familia, cuyos nietos, presentes en el concierto, escuchaban por primera vez la obra de su abuelo. Por otro, la moderna concepción de dos autores que buscan sus fuentes de inspiración en otras estéticas menos definidas pero no por ello ausentes de belleza formal, de contenido estructural y de hallazgos orquestales. Consuelo Díez es una de las compositoras españolas con mayor proyección internacional del momento, con una línea de trabajo muy bien definida, que conoce a la perfección todos los recursos orquestales y los sabe exprimir hasta las últimas consecuencias, plasmando creaciones de verdadera grandeza como sucedió con su Pasión Cautiva. Esta obra está estructurada en tres movimientos, y en ella, la compositora madrileña trabajó la masa sonora  desde todas las perspectivas posibles, utilizando la percusión como una forma de subrayado de la compleja trama y llevando a las restantes secciones de la orquesta hasta límites insospechados de sutilezas dinámicas con guiños a formas idiomáticas más conocidas pero sumamente efectivas. El tercero de los tres movimientos, La guarda cuidadosa , fue, a nuestro entender, lo mejor de esa filigrana sonora que la orquesta interpretó con todo el poderío de sus secciones de percusión y metal. Una obra que verdaderamente define la categoría de fina creadora que Consuelo Díez tiene en el panorama europeo de la música contemporánea. Fernando López es un joven autor leonés del que ya hemos hablado en esta sección en diferentes ocasiones y del que sin duda lo continuaremos haciéndo en sucesivas oportunidades. Acompleja en él la facilidad que posee para orquestar, el dominio tan absoluto del contrapunto y el idioma tan directo con el que lo transmite a las diferentes secciones de la orquesta. Su Sinfonía nº13 Magerit , cuyo estreno absoluto se hizo precisamente en el Auditorio, estuvo sembrada de hallazgos tímbricos, de cédulas temáticas a las que otorga  esa, en apariencia, fácil estructura antes de diseccionarla en las restantes formas expresivas de las secciones. Y si aún manifiesta una leve dificultad para encontrar un lenguaje propio le sobran sin embargo aptitudes en los aspectos idiomáticos en los que conoce perfectamente todos los recursos de los recursos orquestales. La orquesta, a las órdenes de Dorel, volvió a dejar patente su excelente trabajo y al nivel al que está llevando  a esta formación cada día más pulida y cuidada.

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