Los polacos despiden al premio Nobel Czeslaw Milosz
Decenas de miles de polacos despidieron ayer al poeta Czeslaw Milosz, premio Nobel de Literatura 1980, fallecido el pasado 14 de agosto. El sepelio fue precedido por una misa celebrada por el cardenal Franciszek Macharski en la basílica de la Virgen María de Cracovia en la que participaron el ex presidente Lech Walesa, el primer ministro Marek Belka, la premio Nobel de Literatura 1996, Wislawa Szymborska, y cientos de las figuras más importantes del arte y la cultura polacas. En el sermón que pronunció el arzobispo de Lublin, Jozef Zycinski, señaló que Milosz es un tesoro común de todos los seres humanos. «Siempre fue sensible ante los sufrimientos humanos, siempre se hizo eco de los que padecían y por eso nadie tiene derecho a atribuirse la condición de único intérprete auténtico de sus poemas», dijo Zycinski. Más de 10.000 personas acompañaron en silencio el féretro de Milosz desde la basílica de Santa María hasta la iglesia de Na Skalce, en la que fue enterrado, al lado de decenas de otros grandes representantes de la cultura y el arte polacos. Cuando no es noticia porque le han dado el Príncipe de Asturias de las Artes, lo es por ser el pintor español vivo más cotizado o por exponer en el Louvre. Ahora, Miquel Barceló también interesa por publicar Cuadernos de Africa , unos diarios en los que el artista mallorquín vuelca sus pensamientos más íntimos. «Pintamos porque la vida no basta. ¿Dije yo eso o lo leí en alguna parte. Creo que es mío. En cualquier caso, aquí la vida sí basta. Es casi excesiva», escribía en mayo de 1988, en Gao (Malí), Barceló, que, si es conocido en medio mundo, en buena parte lo debe a esa etapa suya africana de la que salieron las estilizadas siluetas con que comenzó a encandilar a la gente hace ya más de quince años. El libro lo publica en septiembre Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, una editorial para la que Barceló ilustró recientemente la Divina Comedia , de Dante, y recoge los diarios escritos y pintados por él durante sus estancias entre 1988 y 2000 en ese continente al que no se cansa de regresar, alternándolo con París y Mallorca.