Diario de León
Publicado por
JOSÉ JAVIER ESPARZA
León

Creado:

Actualizado:

ENTRE las innumerables calamidades que el televerano ha traído sobre nuestras pantallas, figura en lugar destacado el exceso de intervenciones telefónicas en directo, es decir, ese sistema de «participación» que consiste en que usted habla en su programa de cualquier cosa, abre el teléfono a las llamadas de cualquier ciudadano y, sin verificar nada más, da rango de cuestión pública a cualquier testimonio. Nadie duda de las virtudes de este sistema: entre otras cosas, permite llenar minutos de programa sin coste económico alguno, y eso no es moco de pavo cuando uno se encuentra con la necesidad de emitir tanto espacio rosimorado como en estos meses, porque los personajes de ese mundillo suelen cobrar un pico y medio por cada aparición. El teléfono, por el contrario es muy económico: en el peor de los casos, simplemente el coste de la llamada. Añádase la posibilidad de incluir triquiñuelas varias: una llamada, preparada o no, de un ciudadano, preparado o no, dice que el famoso Mengano está vinculado sentimentalmente con una nieta del toro que mató a Manolete, y el famoso Mengano, publicidad obliga, interviene para desmentir tan infamante afirmación. Esto no siempre funciona, pero, en tanto se espera que el famoso Mengano llame o no, el conductor de la tertulia « rosa » bien puede llenar quince o veinte minutos de programa con la ruidosa discusión de sus contertulios, que sin duda hallarán inquietantes vinculaciones entre la nieta del toro que mató a Manolete y lo que una tal Leli Álvarez, al parecer esposa de Ernesto Neyra, ha llamado «el contorno de Carmina Ordóñez». Un ejemplo: hace algunas semanas, tras la muerte de la mencionada Carmina, una señora llamó a un programa y se identificó como psiquiatra que había tratado a la finada. Nadie le pidió credenciales, faltaría más. La supuesta doctora dijo haber conversado con su paciente una sola vez. Pero esa sola vez le bastó para saber que el problema de Carmina se circunscribía al hecho, sin duda lamentable, de que su hijo Fran había tenido un hijo fuera del matrimonio. Tampoco nadie en aquel programa pidió mayor acreditación de lo que se estaba contando: simplemente, era una señora que había intervenido por teléfono y el programa «no se hace responsable de las opiniones vertidas». Pero esta precisamente es la cuestión: ¿De verdad el programa no es responsable de las cosas que en él se digan? Ellos dirán que no: yo creo que sí. ¿Y usted?.

tracking