Diario de León

La extraña pareja

Don Quijote pierde una habitación entre el sueño, pero gana un escudero y se fuga con él cuando duermen todos los demás

ABRALDES

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Publicado por
Eduardo Riestra - redacción
León

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Recordarán ustedes que la semana pasada don Quijote dormía mientras le quemaban la biblioteca. Pues bien, no sé si por mis gritos o por sus pesadillas, pero el hombre se despertó dando voces y bregando en medio de un torneo imaginario. La cuadrilla de los incendiarios, al oírlo, se precipitaron a la alcoba y se abalanzaron sobre él para retenerlo en la cama. Entonces contó sus guerras con aquel bastardo de don Roldán, pues en el sueño había nuestro héroe tomado la personalidad de Reinaldo de Montalbán. Entre tanto pide comida y se la traen, y luego vuelve a quedarse dormido. ¿Y qué creen ustedes que se les ocurrió entre tanto a los conspiradores? Pues ni más ni menos que tapiar la puerta de la biblioteca y decirle al pobre loco que se la había llevado el diablo, o mejor aún que la había encantado un mal viejo que se la tenía jurada a don Quijote. ¡Pues menos mal que ya se había vuelto loco! Tras quince días de reposo y cordura, en que mantenía largas discusiones con sus amigos cura y barbero sobre la necesidad que el mundo tenía de caballeros andantes, decidió, discretamente -con que loco ¿eh?- contratar los servicios de un labrador vecino, hombre de bien, pero de poca mollera. Parece que tardó en convencerlo bastante más de lo que se tarda en hacer las listas a las municipales, aunque el sistema fuera el mismo: prometer el oro y el moro, o lo que es lo mismo, el gobierno de una ínsula cualquiera. Aceptó el campesino y, como lo haría cualquier candidato, dejó mujer, hijos y hogar para ocupar la plaza de escudero de don Quijote. Señoras y señores, ¡ha nacido Sancho Panza! Ya está el equipo formado. A partir de aquí el hidalgo vende alguna cosa y empeña alguna otra para juntar dineros, que había tomado buena nota de los consejos del ventero, y haciendo acopio de camisas limpias, llamó al nuevo subalterno para que acudiese en la noche con alforjas preparado para la partida. Dijo Sancho que sí, y que aportaría también un asno muy preciado, que don Quijote aceptó con el propósito de cambiarlo por el caballo del primer caballero descortés que se cruzase por el camino, pues no recordaba que hubiese escudero asnalmente caballero. Y así, sin avisar a nadie, salieron dos hombres hechos y derechos, montados en asno y caballo en medio de la noche hacia campos de Montiel. ¡Y nos quejamos de que la juventud de nuestro tiempo es inmadura! Mientras las figuras se alejan, aún se escucha la voz del campesino que recuerda la promesa que su patrón le tiene prometida. Don Quijote le asegura que Dios proveerá (pero que en proveyendo, no le acepte Sancho menos cargo que el de adelantado). 1397124194

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