Diario de León

| Reportaje | Historia de la aviación en León |

Un francés descubrió León al vuelo

El pionero de la aviación Leforestier protagonizó el primer vuelo en avión que vivió León, el 28 de junio de 1911, y se convirtió en el espectáculo principal de las fiestas de San Juan

Unas 15.000 personas presenciaron el vuelo, más de media ciudad

Unas 15.000 personas presenciaron el vuelo, más de media ciudad

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Juan Vázquez - león
León

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Estaba allí casi toda la ciudad, unas 15.000 personas de las apenas 20.000 que entonces poblaban León, según las crónicas de la época, que relatan que acudieron al histórico acontecimiento numerosos vecinos de las aldeas próximas, hoy barrios urbanos plenamente integrados en una ciudad muy distinta a aquella de hace ya 94 años. La emoción no faltó desde los días previos a la cita, ya que el aviador Loygorry, quien había sido contratado por el Ayuntamiento para ofrecer una fiesta de la aviación que debía constituir el acto central de las fiestas patronales comunicó por telegrama al concejal Barthe que había sufrido una avería en Lugo el sábado 17 una avería en Lugo que le imposibilitaba cumplir su compromiso en León. «Lamento imposibilidad ir. Aparato inservible», decía el cable, que proponía en su lugar al aviador francés Mauvais, que acudiría en las mismas condiciones con un monoplano Bleirot del que Loygorry decía que «ha de gustar mucho más en León, por ser lo más moderno de los adelantos de la aviación», refiriéndose a un aparato propulsado por un motor de ni más ni menos que 50 caballos, una potencia que hoy en día es superada ampliamente por la del utilitario más bajo de gama. El Bleriot llegó a León, pero una indisposición de Mauvais le impidió dar el espectáculo y fue sustituido por el también francés Leforestier, que se proponía realizar a las cuatro y media de la tarde del 28 de junio de 1911 su vuelo desde una pista de 300 metros habilitada en la calle del Parque, en las proximidades de lo que hoy es la plaza de toros. La muchedumbre había ido llegando a la zona desde varias horas antes, y no faltaron las bandas de música del Hospicio y del Regimiento de Burgos para amenizar una tarde tan especial. Pero la incertidumbre no había acabado, porque cuando los mecánicos hicieron girar la hélice y el avión intentó despegar, tuvo que abortar el vuelo porque Leforestier notó que algo no iba bien en el motor de siete cilindros del Bleriot. El público comenzaba a presagiar un fracaso mientras los mecánicos cambiaban las bujías de la hélice, pero unos minutos después de las seis el monoplano despegó con éxito y provocó una ovación general que apenas duró un par de minutos, ya que Leforestier se vio obligado a aterrizar de nuevo por las turbulencias que encontró al elevarse, por lo que anunció un nuevo intento para el atardecer. Nadie se movió de allí, y poco después de las siete el Bleriot despegó de nuevo y se alejó cinco leguas perdiéndose hacia Puente Castro para volver después y dar varias vueltas en círculo sobre el aeródromo que volvieron loco a un público que lo recibió como a un héroe cuando aterrizó. De este modo, Leforestier fue el primero en conocer León al vuelo, una imagen hoy cotidiana para los miles de pasajeros que utilizan el Aeropuerto de León desde el primer vuelo comercial de Air Nostrum en junio de 1999.

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