Lenny, ¡Que viva la negritud!
Un público variopinto y rendido recibió ayer a Lenny con entusiasmo adolescente

Con cuarenta minutos de retraso la estrella de Lenny Kravitz surgió en el escenario bajo los acordes de 2001 Odisea del espacio . La plaza de toros enmudeció y oscureció mientras los miles de asistentes iluminaban el albero con las pantallas de sus teléfonos móviles. Lenny Kravitz apareció entonces como un sumo sacerdote con un traje negro y una levita roja de la que se desprendió a los pocos minutos. Entonces fue el éxtasis. A las tres de la tarde ya había jóvenes esperando a que las puertas del bullring se abrieran y poder ver a su ídolo, el músico antillano de ébano, de cerca. Un público mayoritariamente adulto -entre el que el acné y las botas militares a juego con la minifalda no se vieron en exceso- esperó paciente a que pasara el desenfreno del compañero de Ricky Martin en el escenario. En cualquier caso, Robie Draco no desmereció la estrella a la que precedía y consiguió que el albero de la Plaza se enrojeciera. Durante algo más de una hora, el puertorriqueño se metió al público en el bolsillo con canciones que, aunque suyas, suenan más al ídolo de Menudo. Sin embargo, ellos y, sobre todo ellas, esperaban la aparición en el escenario del autor de Let Love Rule. «Quiero que tu amor me dirija», dijo una de las chicas cuando el neoyorquino se subió a la platea, recreando de manera lasciva la canción de la estrella -«Love is gentle as a rose and love can conquer any war. It's time to take a stand. Brothers and sisters join hands»-. Un estallido de furia placentera recibió al cantante mientras una de las jóvenes -su acento la delató; de León no era- gritó a voces: «Lenny, tío, que viva la negritud», de manera tan impulsiva que pareció por un momento que era el único grito que se chillaba en el León Arena. «Los Grammy se notan, y no sólo en cómo toca», decía otra ante la perplejidad de cuantos la rodeaban. Las colas para acceder al bar eran, como siempre en estos casos, imposibles. Muchos de los que se atrevían a dejar sus puestos para refrescar las gargantas, sedientas de repetir letras de canciones como Are you gonna to go my way aguardaban impacientes su turno mientras -tal vez- pensaban que debían seguir de manera más certera el camino marcado por Kravitz. Pero no sólo se aplaudió al protagonista, que obsequió al público con dos bises. La banda recibió muchos de los vítores que ayer se lanzaron en el León Arena. Craig Ross, Jack Daley, George laks y Cindy Blacksman (soberbia) fueron elogiados con el apaluso general en más de una ocasión. En fin, León transmutado por los ritmos de uno de los artistas más vanguardistas y mestizos del momento; un verdadero bautismo para la ciudad que con la música de Kravitz abrió ayer las fiestas de San Juan. Luces y sonido Una de las características del concierto de Lenny Kravitz fue lo colosal de su equipo de luz y sonido. Con un sonido que supera los 160.000 watios y un equipo de luces con 360.000 watios, el artista consiguió que las malas condiciones acústicas que caracterizan al León Arena pasaran desapercibidas. Abarrotado Las previsiones de venta de entradas se sobrepasaron. Si por algo se caracterizó el León Arena fue por el lleno total que sufrió. Tanto el albero como las gradas se convirtieron en «panales» de público que llegó de todo el norte de España para escuchar al cantante neoyorquino. Las colas para entrar Cientos de personas se concentraron en las puertas de la Plaza de Toros horas antes del comienzo del concierto con el fin de ocupar uno de los puestos cercanos al escenario y poder así ver a su ídolo de cerca. Desde las tres de la tarde, los jóvenes ya esperaban en el exterior del coso.