Diario de León

| Reportaje | Del taller a la empresa |

Un largo peregrinaje

El proceso de adjudicación de las obras se ha visto jalonado de sucesos como la firma de intelectuales en apoyo al equipo de Zurdo o las críticas de la prestigiosa Casa Mayer de Alemania

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En el meollo de todas las polémicas surgidas en torno al actual proceso de adjudicación de las obras de limpieza de las vidrieras catedralicias está la perspectiva con la que se mire al equipo humano que más ha trabajado en ellas y que mejor las conoce, el llamado popularmente «taller de vidrieras» y que está encabezado por Luis García Zurdo y Ángeles Robles. Según el administrador del principal templo leonés, Mario González, ese taller de vidrieras, como tal, «no ha existido nunca», en referencia a que ha ido adquiriendo diversas formas jurídicas (primero una asociación cultural, luego una sociedad limitada, etc.) desde que empezó a trabajar, a principios de los años noventa. Fue en ese momento cuando estalló la célebre campaña de movilización popular Salvemos la Catedral y se hizo público el peligro que corrían los famosos vitrales y la necesidad urgente de repararlos. Desde entonces, aunque con parones forzosos debido a la periódica ausencia de fondos económicos, el equipo de García Zurdo, asesorado por expertos europeos, se encargó no sólo de rehabilitar, sino también de estudiar y catalogar las vidrieras y de formar a otros profesionales en este difícil arte. Las formas jurídicas variaron aunque el equipo humano siguió siendo, básicamente, el mismo. En noviembre se firmaba el último convenio con la Junta y Caja España, y el Cabildo decidió, contra su costumbre, sacar las obras a concurso público y así garantizar «una total transparencia en el procedimiento». Ese comportamiento fue visto por algunos sectores sociales como un rechazo a la labor que hasta el momento había llevado a acabo el equipo de García Zurdo: unos treinta intelectuales, entre los que se encontraban Antonio Gamoneda, Luis Mateo Díez o José María Merino, firmaron un manifiesto a su favor. La prestigiosa Casa Mayer, alemana, alertaba en un comunicado del «peligro» que suponía dejar este tipo de trabajos en unas manos inadecuadas: «En nuestros 150 años de experiencia nunca nos han exigido una clasificación profesional propia de empresas de construcción», escribían. Además, la asociación Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio se mostró dispuesta a llevar el asunto incluso hasta los tribunales. Contratar el equipo Sin embargo, el Cabildo de la Catedral se ha mostrado sorprendido con estas críticas y señala que a la empresa elegida se le informará del excelente trabajo que ha realizado este equipo de vitralistas. «Sería bueno para todos que se contase con ellos para trabajar durante estos años», ha dicho su administrador, Mario González.

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