Diario de León

El leonés Rogelio Blanco, director general del Libro, fue el encargado de leer el acta completa

Pitol elogia ante el Rey el magisterio decisivo del exilio republicano español

Celebró «la locura que se hace libertad» en Don Quijote al recibir ayer el Premio Cervantes

La soprano vasca durante su actuación de anoche en el Auditorio

La soprano vasca durante su actuación de anoche en el Auditorio

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Miguel Lorenci - madrid
León

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Tres grandes deudas saldó Sergio Pitol (Puebla, 1933) en Alcalá de Henares. Lo hizo en el día grande de las letras hispanas, al recibir de manos del Rey el diploma y la medalla que le acreditan como ganador del Premio Cervantes. El escritor mexicano quiso pagar con creces la libertad cervantina que floreció hecha locura en Don Quijote, el magisterio del exilio republicano español que fue clave para su formación y que elogió con largueza ante el Rey, y los desvelos de su abuela, que le dio la vida a través de la literatura cuando la malaria quería robársela. Esos fueron los tres pilares del no muy extenso discurso de Pitol, más emotivo que académico, al recibir el Nobel de las letras españolas de manos de don Juan Carlos, en presencia de la reina; del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; de la ministra de Cultura, Carmen Calvo; y del director general del Libro, el leonés Rogelio Blanco, que fue el encargado de leer el acta completa, todo ello en el centenario paraninfo de la universidad de Alcalá. El monarca elogió el carácter anticipador de la «originalísima, cosmopolita y ágil» obra de Pitol que, dijo, «tiende puentes entre España y México», mientras que la ministra repasaba por extenso su trayectoria literaria. Con un decir dificultoso, debido quizá a la mezcla de la solemnidad del acto y su patológica timidez, armado con su gafas de présbita y cruzando las piernas para sostenerse sobre sólo una, como una garza, disertó Pitol durante más de 40 minutos en los que realizó un repaso de sus avatares vitales y literarios. Su discurso no encandiló a la audiencia, quizá por las dificultades de dicción del último Cervantes, y estuvo trufado de citas a Borges, a otros maestros latinoamericanos como Alfonso Reyes, a franceses como Balzac o Zola, y a españoles como María Zambrano, Pérez Galdós o Gómez de la Serna. «Cervantes es un adelantado a su época. No hay ninguna ulterior corriente literaria importante que no le deba algo al Quijote» sostuvo Pitol, quien dedicó gran parte de su intervención a laudar una novela «fundacional e imperecedera». María José Cordero, directora del Conservatorio de Música de Ponferrada y líder del grupo especializado en música sefardí Sirma, actuó ayer en el transcurso del acto de clausura de la entrega del Premio Cervantes al escritor mexicano Sergio Pitol. En presencia de los Reyes y del resto de autoridades institucionales y académicas, María José Cordero cantó acompañada del Coro Universitario de Alcalá de Henares. Por otro lado, la voz de Pitol dio ayer a las 18.00 horas el pistoletazo de salida a la 10ª Lectura Continuada del Quijote en el Círculo de Bellas Artes, un acto que será clausurado mañana domingo, Día del Libro, casi 48 horas después, por el escritor centenario Francisco Ayala. Pitol leyó despacio las primeras palabras de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha. Después le tocó el turno a la ministra de Cultura, continuada por la recientemente nombrada titular de Educación, Mercedes Cabrera. El director del Cervantes, César Antonio Molina; el director de la RAE, Víctor García de la Concha; el director general del Libro, el leonés Rogelio Blanco, y la actriz Asunción Balaguer fueron otros de los primeros lectores.

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