Una pequeña muela desvela la identidad de la reina Hatshepsut, la que más tiempo reinó en Egipto

Imagen de la momia de la famosa reina de Egipto Hatshepsut
Una muela ha sido la clave para desvelar uno de los grandes enigmas que todavía quedaban pendientes en egiptología, el paradero de la momia de la reina Hatshepsut. A bombo y platillo, el gurú de los arqueólogos egipcios Zahi Hawass reveló ayer en el Museo de Antigüedades Egipcias de El Cairo ante una concurrida audiencia que la momia, que se creía desaparecida hasta el día de hoy, estaba en realidad «extraviada» en el tercer piso del museo. Como si se tratara de un rompecabezas, Hawass explicó que supo que la momia era la de la reina cuando vio que una muela, encontrada en una caja con vísceras de Hatshepsut, se adaptaba a su dentadura. Cuando su padre Tutmosis I murió, se desencadenó un conflicto sucesorio entre Hatshepsut y su hermanastro, hijo de una de las amantes de Tutmosis I. El conflicto se saldó a favor de su hermanastro y luego esposo, algo que es de suponer que supuso un duro trago para el orgullo de una mujer del carácter de Hatshepsut. Tutmosis II falleció joven y dejó el trono al hijo de una de sus amantes, tal y como había hecho su padre. Esto fue ya el colmo para el orgullo herido de Hatshepsut, que debido a la corta edad del rey se convirtió en corregente hasta que se hizo proclamar faraona delante del inexperto faraón. Para legitimarse como reina, tomó para sí todos los símbolos asociados con el faraón; así, solía vestirse con ropas de hombre y llevaba barba postiza, como se aprecia en su momia.