Rafael Doctor destaca en la presentación que el proyecto está basado en la experimentación
El Musac sale del museo y expone la obra de quince artistas en el Órbigo
Creaciones de Pipilotti Rist o Sánchez Castillo se muestran en escenarios de cinco localidades de la ribera
Imagen de una de las estancias del Club Matadero
« Ver el propio rostro», «ser el único que ve en un planeta de ciegos», existir en otra dimensión, dejar de dormir, mirar por los ojos de otro, fotografiar cada instante de la vida, soñar los sueños de la noche anterior ... Las 100 obras de arte imposibles que Dora García ha ido desgranando en el lavadero de Benavides de Órbigo parecen querer salir de la ficción del sueño para hacerse algo más ciertas. Este espacio se ha transformado, simplemente con palabras que van limpiando el alma de quien las lee, como si el silencio se hubiera decidido a hablar. El Musac inaugura hoy un proyecto arriesgado, tanto en su concepción como en su finalidad. Diez obras pueblan ya otros tantos espacios de la ribera del Órbigo con el fin de acercar el arte del presente a lugares que, en algunos casos, parecen haberse quedado prendidos en la cola del tiempo. Artistas como Sergio Prego, Fernando Sánchez Castillo, Pipilotti Rist, Muntean and Rosenblum o Alicia Martín han salido del cauce normativo del museo para aventurarse en lugares normalmente vedados a la representación creativa. Sin duda una apuesta arriesgada que comenzó hace casi un año con la pretensión de celebrar el séptimo centenario del Mercado de Benavides. El director del Musac, Rafael Doctor, destacaba ayer el carácter experimental de este pro yecto. «Quisimos desde el principio que esta iniciativa estuviera basada en la experimentación, que al final es de lo que se trata el arte», explicaba. Doctor Roncero añadía que ésta es la primera vez que el Musac sale para mostrarse en un lugar tan insólito. El director del proyecto, José Fernando Cornejo, apostó porque esta iniciativa ayude a transformar la ribera. Diálogo cercano El comisario del proyecto, Carlos Ordás, precisaba momentos después que se había intentado lograr que la intervención en los espacios fuera mínima y conseguir al tiempo que las obras entablaran un diálogo cercano con los lugares que ocupan. «Hemos trabajado para eliminar barreras entre el artista, la obra y el espectador», resumía. Eliminar las barreras y el miedo que, por lo general, tiene el público cuando se acerca al arte contemporáneo. Las obras han salido de su espacio natural con el fin de que este temor se diluya y conseguir con ello que espacios familiares, cercanos o conocidos para el espectador hagan las veces de Virgilio. En algunos casos se ha conseguido de manera magistral. Es el caso del edificio de telecomunicaciones Los Ocho Caños que, bajo el título de (des)ubicados acoge las obras de Txomin Badiola, Biel Capllonch, MP&MP Rosado e Ixone Sádaba, de la iglesia de Velilla de la Reina, donde el vídeo de Sergio Prego Tetsuo Bound to Fail parece recrearse en un escenario más que decadente. Lo mismo puede decirse de la videoinstalación de Pipilotti Rist Supersubjektiv , que consigue sugestionar aún más en el espacio de la antigua panera de Benavides o de la obra de Fernando Sánchez Castillo Vivo sin trabajar , instalada en la plaza del mercado. Más confuso es el intento de lograr que el público entienda la obra de Marc Bijl Reasons to believe . Instalada en la fábrica del lúpulo de Villanueva de Carrizo, no parece poder entablar ese diálogo con el espacio y, probablemente, tampoco lo consiga con quien se enfrente a él, al menos, si lo hace sin saber qué es exactamente lo que tiene frente a sí. Cub Matadero Esfuerzo colosal el realizado por el artista salmantino Enrique Marty y el equipo de becarios que han trabajado con él durante todo el mes en reconvertir el antiguo matadero de Benavides en un lugar lúdico. La cara y la cruz de la vida (el eros y el thanatos) se han conjugado en esta intervención de una manera que podría calificarse de saturnal. Lo expresaba Rafael Doctor al decir que una máquina de matar se ha reconvertido en un «lugar para el goce», en un lugar para vivir la «sexualidad de manera especial». Y es que el espacio ideado por Marty es formidable. En poco menos de treinta días ha transformado de manera radical un lugar que ya no existía, creando un mundo laberíntico e imposible en el que nada de ha dejado al azar. La exposición se inicia desde que comienzas a ver el edificio, como una alucinación. Una vez pasadas las lanzas de lúpulo, se accede al Club Matadero , un recorrido a través de un cabaret burlesque en el que cada estancia plantea un trayecto distinto. Hay brutalidad, pero hay ironía. Las imágenes sicalípticas se diluyen en cierto modo gracias a un sarcasmo que hace que sean más fáciles de digerir. Todo es obvio pero parece velado por ese espíritu burlesco con el que el artista ha querido impregnarlo todo. Los colores del lujo falso, el azul, el dorado, el bermellón tiñen todas las estancias. No se ha masticado nada para obligar al espectador a que sea él mismo quien se convierta en el único cicerone de la intervención. Un recorrido circular en el que todo se mezcla, en el que un capítulo no se puede entender sin el siguiente, un espacio abierto y enloquecido en el que todo puede pasar. Como en los escenarios familares. «Hemos tratado de eliminar barreras entre el artista, la obra y el espectador» CARLOS ORDÁS