EL INVENTO DEL MALIGNO | Con detalle |

Sobrenatural

Publicado por
JOSÉ JAVIER ESPARZA María Rial
León

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Para amenizar las noches de verano con historias paranormales de mucha tensión y ancho canguelo, TVE-1 ha comprado la serie norteamericana Sobrenatural , que cuenta las andanzas de dos jóvenes frente a las fuerzas desatadas del misterio. Al producto, visualmente hablando, no le falta de nada. Es particularmente llamativa la representación de los espíritus malignos como nubes negras, una especie de chapapote gaseoso que vuela por ahí. No es un recurso nuevo -es más bien tópico en el género-, pero es muy efectivo. El peligro del chapapote fantasmal se subraya con otros efectos bastante aterradores, como el de inyectar en negro los ojos de los poseídos (algo que ya habíamos visto en Expediente X , por ejemplo). Añadamos al repertorio de artificios otros sumamente inquietantes, como el uso (y abuso) de combustiones, círculos ígneos, materias orgánicas descompuestas y cosas así. La otra noche, por ejemplo, a un sujeto poseído le arrojaban encima agua bendita y las gotas producían en el cuerpo una especie de corrosión química, como si se asperjara ácido sulfúrico. Todo ello iba acompañado de preces en latín, una lengua que para el espectador norteamericano medio (y también, cada vez más, para el español, me temo) debe de sonar como muy remota y enigmática, la lengua que hablaban las potencias de la fuerza elemental antes de que Benjamín Franklin creara al hombre nuevo con la costilla de un inglés y la electricidad capturada por el pararrayos. Para que a Sobrenatural no le falte de nada, el guión abarrota el discurso de los hermanos cazafantasmas (los protagonistas del relato) con continuas referencias de tipo bíblico, generalmente todas mal traídas, pero que dan aire de honda sabiduría exorcista. No deja de ser singular ese empleo masivo de referencias religiosas cristianas -el agua bendita, el latín, los Libros- para adornar una historia que, en líneas generales, se aparta por completo de cualquier ortodoxia religiosa y cristiana. Esto es un signo de nuestro tiempo y señala el momento en que el burgués penetra en la catedral, expulsa al obispo, se viste con la casulla y comienza a jugar a lo sagrado. Como le falta tradición, se inventa una sacralidad nueva y la alimenta con historias de fantasmas y cosas así. De esta manera se llega a una situación completamente chestertoniana en la que el hombre más incrédulo de todos los tiempos empieza a prestar oído a las supercherías más inverosímiles jamás contadas. Es un fenómeno parecido al que vemos en Entre fantasmas , la serie de Cuatro, aunque en esta última todo es bastante más amable que en Sobrenatural . Lo único que se puede agradecer a TVE es que haya programado esta serie después de las once de la noche. Así habrá menos damnificados. Julio César Iglesias (1944), inventor de la denominación la quinta del buitre cuando presentaba Tablero deportivo en Radio 1, desarrolló su profesión principalmente en RNE, con incursiones en TVE. Sus inicios en la profesión, en el año 1977, coincidieron con la etapa de la transición, « cuando la radio se convirtió en un medio de comunicación muy activo, con mucha credibilidad y en el que los oyentes tenían mucha confianza», recuerda Iglesias. El veterano periodista ha optado ahora por acogerse al plan de prejubilaciones y bajas incentivadas por el grupo audiovisual estatal y su desvinculación se producirá el 1 de octubre, aunque dejará El navegador a mediados del mes que viene. -En 30 años ha tocado todos los palos, ¿cuál es su secreto para adaptarse? -Nadie es dueño de su destino en esta profesión. En RNE hemos cambiado muchas veces de director y la impronta de los nuevos directivos son los cambios. A mí me han llegado en forma de horario y me he preocupado de identificarme con cada franja. Todos los formatos tienen su código y los oyentes también te señalan el camino. Hay que buscar fórmulas compatibles con gentes muy distintas. -Igual que ocurre en televisión, ¿la competencia en la radio es cada día más agresiva? -En este medio siempre hubo una competencia muy fuerte y debe seguir siendo así porque eso la convierte en un medio muy vivo. La variedad es condición indispensable. Todas las cadenas tienen los mismos géneros, pero siempre habrá una diferencia entre los profesionales. Vivimos en una sociedad madura que, por tanto, tiene capacidad para decidir lo que le gusta. Lo más importante es que todos los medios de comunicación deben someterse a la autocrítica y no entrar en la rutina. -¿Elige radio o televisión? -La radio impone a los oyentes que desplieguen la imaginación; en la tele está todo implícito y una mala corbata te arruina un buen programa. Con la radio tengo una deuda; la considero una buena amiga, sobre todo porque te permite rectificar y tienes meses para depurar un formato. En la tele no. La radio es un medio muy próximo que convierte a los oyentes en vecinos, por no decir en amigos. -Dirigió el programa «Los desayunos de TVE» durante seis años. ¿Volverá a televisión? -La fórmula de Los desayunos comenzó en RNE en el 93 y siempre pensé que tenía un aprovechamiento televisivo. Comenzó en TVE en el 94 y ha cundido porque todas las cadenas tienen un formato similar. -Ahora ha decidido acogerse al ERE. ¿A qué se va a dedicar a partir del 1 de octubre? -Termina mi actividad profesional aquí y comienza en el exterior. Lo principal es cambiar las proporciones: escribir más y seguir en televisión y radio. -¿Qué opina del plan de saneamiento de RTVE? -El hecho de que haya profesionales de 50 años que se jubilen me parece bien, siempre que se trate de una decisión personal. La veteranía nunca ha sido un problema, sino un valor. La empresa pierde un activo, un caudal de conocimiento. El valor máximo que puede tener un profesional es la credibilidad y eso se consigue con los años. Me acogí al expediente de regulación de empleo porque había segunda fórmula [una indemnización y poder trabajar en otras empresas].

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