Diario de León

OPINIÓN

Un sueño diferente, el de la Academia

Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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RECUERDO la primera obra que leí del entonces joven José María Merino: El caldero de oro . Aún conservo sus fulgores en la memoria. Desde entonces, Merino ha crecido literariamente hasta el punto de que la Real Academia le acaba de abrir sus puertas. Tiene todos los merecimientos para ello. El conjunto de su obra es uno de los más nutridos de la literatura actual. Y uno de los que se ha ido construyendo con mayor cuidado y con los materiales de mayor calidad que se pueden encontrar en el mercado. La inquietud y la enorme curiosidad por todo -a lo que hay que sumar el esfuerzo, no se olvide- le ha llevado por los varios caminos que la escritura puede ofrecer: del cuento a la novela, de la literatura infantil y juvenil a la poesía, del sueño a la aventura, de la recreación de la memoria al correr de la imaginación y la fantasía. ¿Qué escritor podría presumir hoy de un lenguaje más exquisito, más limpio, más cercano al sentir poéticos? Para mí, El caldero de oro es una novela lírica, y muchos de sus cuentos y minicuentos se confunden con la poesía en prosa. Porque Merino es uno de los autores más relevantes de este género relativamente nuevo de los cuentos mínimos o microrrelatos, llenos de gracia, humor y poesía, que reunió en su último libro por ahora, La glorieta de los fugitivos . Con sus novelas y relatos nos embarcado en el mundo de los sueños o, más precisamente, en el límite entre el sueño y la vigilia, quizá el espacio más personal de su narrativa, el que mejor la define, delimita y distingue frente a los demás narradores de nuestro tiempo. Y en ese espacio difícil habitamos en el momento y después de la lectura. Yo quisiera destacar otra cualidad, en este caso, de la persona: la amistad, la entrega generosa de su tiempo a los demás. Cada vez que lo urgimos para que acuda a esta tierra nuestra y suya, sea para la presentación de un libro propio o ajeno, para dar una conferencia o participar en un curso o en un jurado, Merino no lo duda, acude, corre, vuela y así podemos disfrutar de su persona y de su verbo atinado y ponderoso, de su pensamiento sobre esto y aquello, de su persona. Así que en momentos de gloria, a los lectores y amigos no nos cabe más que felicitarlo muy calurosamente, auque sea desde lejos y por este medio, y alegrarnos íntimamente, a la vez que hacemos extensiva esta alegría a cuantos puedan reparar en estas palabras fervorosas.

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