EL INVENTO DEL MALIGNO
San Fermín
LOS ENCIERROS de las fiestas pamplonesas de San Fermín, que son un clásico de la televisión veraniega, repiten este año duplicidad: TVE-1 y Cuatro los emiten al mismo tiempo, si bien las imágenes del interior de la plaza corresponden en exclusiva a Cuatro, como el año pasado. La verdad es que, visto el espectáculo -porque San Fermín es, entre otras cosas, un espectáculo- en los dos sitios, no sabría bien a qué carta quedarme. El inconveniente de ver un mismo suceso en un mismo escenario y a una misma hora en dos canales distintos a la vez es que a uno se le acaba haciendo la cabeza un lío y termina por no saber dónde ha visto cada cosa; la libreta de apuntes marca una guía, pero a veces el laberinto se impone al hilo y Minotauro cornea a Teseo, aquel muchacho que tal vez corrió como en San Fermín. De todas maneras, y a modo de apunte provisional, entre cuerno y cuerno es posible sacar una serie de conclusiones más menos sólidas. La primera tiene que ser un elogio general: ambas cadenas están haciendo el trabajo lo mejor que saben y están dando razones sobradas para que el público esté contento. Lo mejor de los sanfermines vistos en TVE-1: el recorrido previo de los reporteros, el tenso y silencioso respeto al trance decisivo de la carrera, la impresión de que esa gente está ahí desde toda la vida y la importancia de los invitados en el plató. Lo mejor de los sanfermines vistos en Cuatro: las imágenes del encierro nocturno de los pastores, el repaso detallado a cada una de las escenas peligrosas después de la carrera, la pieza final de resumen y el capítulo de anecdotario festivo. Lo que no me parece tan bueno en TVE-1: el aire un poco demasiado «técnico» que confieren a la retransmisión los comentarios del imprescindible Javier Solano, que no es que sobren -por eso digo que es imprescindible-, pero que tal vez deberían ser complementados con alguna perspectiva más desenfadada y jaranera. Y lo que no me parece tan bueno en Cuatro: la locución mientras dura la carrera, porque sazona el momento con un saborcillo como de cien metros vallas que es manifiestamente superfluo; bastaría una cornada grave y una tragedia irreparable para que el comentarista quedara en posición de insoportable frivolidad. Todo esto, en cualquier caso, sólo son apreciaciones personales de un aficionado que no ha corrido en nunca en los encierros de Pamplona - y bien que lo siente-, pero que lleva toda la vida viendo los encierros en televisión. Y lo que debe quedar por encima de esos juicios es esto otro: tanto Cuatro como TVE-1 están haciendo un trabajo excelente.