Grandes sofocos del cine
Desde «La tentación vive arriba» a «La ley del deseo» pasando por «La noche de la iguana»; el erotismo siempre vende

Marilyn Monroe es uno de los iconos del erotismo en el cine
Las altas temperaturas han sido para el cine un detonante de las emociones, como demuestran los asfixiantes dramas de Tennessee Williams, la ventilada comedia de La tentación vive arriba o la sexualidad desatada de La ley del deseo , de Pedro Almodóvar. Mientras en verano las salas de cine congelan a los espectadores con el aire acondicionado, el séptimo arte ha utilizado el calor en muchas ocasiones como un personaje más. Sin él, Marilyn Monroe nunca se habría refrescado encima de un respiradero del metro para provocar su legendario levantamiento de faldas en La tentación vive arriba , de Billy Wilder ni los vecinos de James Stewart en La ventana indiscreta habrían aireado sus intimidades para deleite del impedido voyeur creado por Hitchcock. «Cuando hace este calor, ¿sabe lo que hago? Guardo mi ropa interior en la nevera», decía con sexy ingenuidad Marilyn en la película de Billy Wilder. Pero sobre todo, el calor ha sido explotado como un extremo que desarrolla la animalidad, que abre los poros y deja escapar los sentimientos primitivos. En 1981, tras colaborar en el guión de la saga de Star Wars e Indiana Jones, Lawrence Kasdan debutó como director con Fuego en el cuerpo , una trama clásica inspirada en Perdición pero con un erotismo enfermizo entre Kathleen Turner y William Hurt que se potenciaba con la ola de calor que en la película asolaba Florida. «Puedes quedarte aquí conmigo si quieres, pero tienes que prometerme que no vas a hablar sobre el calor», decía él para romper el hielo en pleno verano. «Soy una mujer casada», respondía categórica ella. La conversación terminaba con un helado derramado en su blusa. Hielo en la bañera Para aplacar la suma de temperaturas corporales y ambientales, los protagonistas, en otra secuencia para el recuerdo, echaban cubiteras de hielo a una bañera que hervía por un deseo sexual que pronto derivaría hacia lo criminal. Almodóvar también utilizó un verano, esta vez madrileño, para una escena que resume toda su primera etapa. «Esta noche no lo soporto. Riégueme, riégueme», gritaba Carmen Maura al basurero que limpiaba la calle con su manguera en La ley del deseo . El ambiente sofocante acompañó toda la obra creativa de Tennessee Williams que, recalentada con la moralidad del sur de Estados Unidos de donde provenía del dramaturgo, transcurría por los raíles de la sexualidad reprimida. Sin embargo, los corsés se derretían por el calor de un invernadero en De repente, el último verano , en los barrotes de una cama en La gata sobre el tejado de zinc y con los sudores tropicales de La noche de la iguana . Esta última película convirtió en destino turístico de moda la playa mexicana de Puerto Vallarta, la misma en la que Ava Gardner se desquitaba del tormento de Richard Burton con dos jóvenes.