La gastronomía leonesa, en el libro «Sabor ibérico» que prologa Arzak
La cecina de León, el vino de Toro (Zamora), el cochinillo de Arévalo (Ávila) y la morcilla de Burgos son algunos de los sabrosos protagonistas del libro Sabor ibérico , cuyo prólogo ha escrito Juan María Arzak y que describe 68 sabores, aromas y algunas de las fiestas españolas más antiguas. A lo largo de las 142 páginas de la publicación, editada por la empresa Everest, María Pilar Queralt, y los periodistas de Diario de León Susana Vergara y Javier Tomé han recogido lo que el restaurador vasco califica como «las más acendradas e importantes tradiciones culinarias españolas». El protagonismo de Castilla y León, conformado por la descripción de ocho productos autóctonos, dos establecimientos con más de un siglo de vida, tres ancestrales fiestas y dos museos, se mezcla con sabores geográfico-tradicionales del resto del país, como el turrón de Jijona, los espárragos de Navarra y el queso de Cabrales. Este camino ibérico comienza en Ávila, de donde se destacan las judías del municipio de El Barco de Ávila. El cochinillo de Arévalo, calificado como una «joya» de la cocina española, es a su vez descrito como el mejor embajador cultural. De la morcilla de Burgos los autores del libro valoran de igual forma su proceso de elaboración, que continúa siendo el mismo que el que se hacía hace siglos, ya en la cocina medieval. Cecina y botillo, plato de rey Uno de los frutos más renombrados de la exquisita chacinería leonesa es la cecina, que en 1602 fue objeto de regalo al rey Felipe III durante una de sus visitas a esta ciudad; como «manjar» es también, según el libro, el botillo, hecho «con arte, amor y mimo» y que en el pasado fue «plato de obispos y reyes». Como postre leonés, la propuesta se centra en las mantecadas astorganas, que hechas con una base de huevos, azúcar y manteca, están pensadas para dar una «tregua a cuerpo y espíritu». En cuanto a la provincia de Salamanca, Sabor ibérico resalta las lentejas de La Armuña, mientras que Zamora se ejemplifica en el vino de Toro, todo un «regalo genético». Dos museos, el del chocolate de Astorga, «único en Europa» y el del Palacio de Canedo en Cacabelos, puesto en marcha hace tres décadas como apuesta por los productos locales y por los vinos y licores, completan, junto a otros productos y tradiciones, el repaso que el libro hace de la fecundas gastronomías leonesas y castellanas.