«El gran objetivo de la literatura, sobre todo del cuento, es el de enseñar a vivir»
e. g. | león
La literatura como proyecto de vida, el microrrelato como contraposición y salvavidas ante la invasión de los súperventas, la novela como investigación y experimentación de largo alcance, la fantasía siempre presente, la magia como viga central de lo que él llama «mi itinerario estético». Es lo que la autonomía acaba de premiar: la trayectoria de uno de los más reconocidos y sorprendentes literatos españoles de la actualidad.
Nacido en La Coruña en 1941, de padre leonés, su familia se traslada muy pronto a León. Estudió Derecho en Madrid y después ingresó en el cuerpo de funcionarios del Ministerio de Educación. Dicen desde la cátedra Miguel Delibes que, «si un término permitiera englobar la mayoría de su obra, ése sería el de literatura con un fuerte componente fantástico, sin menoscabo de otras calificaciones en cada caso como metaficción, novela de aventuras, del mito o novela histórica». En marzo del año pasado ocupaba el sillón «m» de la Real Academia Española.
-”¿Cómo espera que reciban los cubanos el «Filandón»?
-”Seguro que muy bien, además la isla cuenta también con una amplia herencia leonesa. Y como yo mismo he visto el éxito de los filandones en las más diversas partes del mundo, ante ingleses, colombianos o estadounidenses, pues no me cabe la menor duda de que va a ser muy bien recibido.
-”Su compadre Juan Pedro Aparicio acaba de ser nombrado comisario de León 2010. ¿Le va a dar algún consejo?
-”Ninguno, porque él conoce perfectamente tanto lo que fue León en el pasado como lo que es hoy. Tiene las ideas muy claras, es la persona idónea.
-”¿Tiene noticia de que, en alguna ocasión, un cuento haya salvado una vida o arreglado algo de la vida cotidiana?
-”Así como tal, no es que tenga una noticia concreta, pero creo que el gran objetivo de la literatura, sobre todo de los cuentos populares, el de enseñarnos a vivir. Quizá si la niña Mari Luz hubiera leído Caperucita Roja no le hubiera ocurrido lo que le ocurrió... El cuento enseña mucho, más bien nos va señalando «horizontes personales».