EL INVENTO DEL MALIGNO | JOSÉ JAVIER ESPARZA
Himno
LO VIO o, mejor dicho, no lo vio toda España: la pitada de los hinchas del Barça y el Athletic de Bilbao al Rey y al himno nacional, en los prolegómenos del partido final de la Copa del (paradójicamente) Rey. No lo vimoentral organizaba la cosa nos invitó a viajar a otros escenarios, en Bilbao y Barcelona, donde al parecer se estaban produciendo acontecimientos de gran trascendencia. Terminados el himno y la pitada, la imagen de TVE volvió al estadio de Mestalla. Como muchos estábamos escuchando al mismo tiempo la radio, nadie ignoró lo sucedido.
El bochorno fue inmediato: TVE había censurado una escena ciertamente desagradable, pero que tenía la obligación de mostrar. ¿Era posible empeorar las cosas? Sí. Al llegar el descanso del partido, la Primera rescataba las imágenes del himno, alteraba su sonido de manera que la marcha real se oyera muy destacada sobre la zapatiesta y, para darle más color, se ilustraba con la imagen de un aficionado del Athletic escuchando, mano en corazón, el himno de España. Esto último ya era de traca: después de censurar unas imágenes, nos las recomponían. La bronca, como usted ya sabrá, ha sido monumental.
Se saldaba en la mañana de ayer con la destitución del responsable de Deportes de TVE, Julián Reyes, alias «cabeza de turco». Hay todas las razones del mundo para poner el grito en el cielo por lo que hizo TVE y exigir las consiguientes responsabilidades. Se supone que un medio de comunicación está para contar lo que pasa, no para taparlo. Y se supone que una televisión pública sirve, muy fundamentalmente, para garantizar que todo el mundo sepa lo que pasa en el país de uno, no para mostrar una imagen falsa de la realidad o, aún menos, para ocultarla. Por eso es tan grave lo que ha hecho TVE. Es, primero, antiperiodismo en estado puro, y es, además, la contradicción absoluta de un medio de comunicación de titularidad pública. Para enmendar el entuerto, que es realmente de los que hacen época, TVE acudió, primero, al fácil expediente del «error humano» (término que en los últimos años parece formar parte del manual de estilo de la casa) y, después, al cese del responsable orgánico del área deportiva. Hay razones para dudar de que el alambicado montaje sea imputable exclusivamente a Julián Reyes, pero, en fin, el propio interesado sabrá qué hace. Aquí la cuestión de fondo es que hemos asistido a un penoso episodio que retrata un problema gravísimo del país, y la televisión oficial ha intentado censurarlo. Simplemente intolerable.