EL INVENTO DEL MALIGNO | JAVIER MARTÍN DOMÍNGUEZ
El vídeo
EL l comentario de hoy tenía que ser el primer debate oficial de las elecciones europeas, entre Mayor Oreja y López Aguilar, en TVE-1. Pero la noticia, al final, no estuvo en el debate, sino en el chafarrinón que la Pública escribió en pantalla. Porque inmediatamente después de la discusión entre los candidatos -rígida, encorsetada, absolutamente estática-, sin cortinilla ni indicativo ni solución de continuidad, cuando apenas se había extinguido en la pantalla el rostro de Ana Blanco, ante los ojos del espectador surgió un vídeo electoral del PSOE. Era para no creérselo: como cierre del debate, todo neutralidad y buenas maneras, casi hasta lo hierático, va la televisión pública y nos coloca el vídeo de propaganda del PSOE, y no cualquier vídeo, sino el más radical y extremoso, identificando sumariamente al enemigo con la ultraderecha europea. Como era inevitable -y creo que irreprochable-, el PP se apresuró a convocar una rueda de prensa nada más acabar el debate para denunciar la «campaña porcina» de TVE. «Campaña porcina»: son palabras de González Pons. Ayer por la mañana todavía era posible escuchar a gente que justificaba la emisión del agresivo spot del PSOE; hace falta mucha ceguera -la ceguera de la pasión política- para justificar lo injustificable. Ya sea de naturaleza porcina o ya bovina, lo cierto es que una televisión pública no puede, por principio, hacer una cosa así. Y es llamativo, porque la estructura del debate fue impecable tanto en escenario como en tiempos, realización y moderación. Así las cosas, no cabe más que una posibilidad: hay alguien en TVE que hace las cosas como debe, y hay alguien que aprovecha el medio para favorecer al Gobierno, es decir, para hacer lo que no debe. ¿Se trata de la misma persona o de personas distintas? Si es la misma persona, ¿quién está jugando tan sucio? Y si son personas distintas, ¿en función de qué rango, cargo o poder actúa de semejante manera? Si este fuera un país normal, la propia RTVE, de oficio, o alternativamente su Consejo, debería abrir una investigación, identificar al responsable del desafuero y ofrecer su cabeza (laboralmente hablando) como compensación por el destrozo. Pero como este no es un país normal, y menos aún en materia de televisión pública, lo más probable es que no pase nada, la oposición se quede gritando en una esquina y el poder, que para eso es dueño del cortijo, premie los servicios del tramposo.
¿Servicios? Ni eso. El debate lo vieron poco más de dos millones y medio de personas, pero, gracias al tramposo, de lo que todo el mundo ha hablado al día siguiente no es de su indiferencia hacia el debate, sino del juego sucio de TVE en beneficio del candidato socialista. Pero qué listos.