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León

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El invento del maligno JOsé JAVIER ESPARZA

T rompetas. Éste ha sido el campeonato de las trompetas. Yo nunca había visto -”ni oído-” nada igual; usted, tampoco. Una competición internacional -”de fútbol o de cualquier otra cosa-” donde ha sido prácticamente imposible seguir los comentarios de la tele porque un extraordinario fragor de fanfarrias invadía todo el sonido ambiente, desde antes de que comenzara cada partido hasta después de su final. La selección española de fútbol jugaba ayer su triste consolación -”que a punto estuvo de ser más triste todavía-” frente a la selección anfitriona. Volverán nuestros jugadores a casa con problemas en los tímpanos y un molesto zumbido dentro de la cabeza, como el que padecen quienes han sido sometidos a un exceso de decibelios durante periodos prolongados. En no sé qué blog he leído severas recriminaciones a J. J. Santos y al resto del equipo de Telecinco por su poca destreza en los comentarios; será verdad, no digo yo que no, pero me concederá usted que tratar de comentar nada entre tanto fragor ha debido de ser extraordinariamente difícil. No es ése el único reproche que se la ha hecho a Telecinco por su trabajo en la Copa Confederaciones: también se le recriminado introducir publicidad del propio canal durante los partidos. La denuncia no carece de fundamento, pero, a decir verdad, hoy ya todo el mundo hace lo mismo todo el tiempo, de manera que no termina de verse dónde está la falta. Tercer reproche: que los comentaristas «técnicos» contratados para el evento, que han sido Luis Aragonés y Amor, no hablaban ni aunque les pusieran cerillas encendidas en las uñas. Aquí sí que creo yo que el reproche lleva algo de razón: ser persona de palabra parca nunca ha sido malo, e incluso se puede considerar rasgo virtuoso, pero si a uno le pagan por hablar, lo menos que puede hacer es dar de vez en cuando señales de vida. En este caso concreto, la diferencia entre la selección española que vimos en la Eurocopa y esta otra que hemos visto en Sudáfrica ha sido tan abismal, que el comentarista debía haber jugado un papel más relevante en las transmisiones de Telecinco. Verdaderamente había algo importante que contar, y era descubrir las razones de un descenso tan pronunciado. Por supuesto, había otras cosas importantes en todo este asunto de la Copa Confederaciones. Por ejemplo: ¿Cuánto ha pagado Mediapro por ser agente exclusivo de la FIFA para España? ¿Cuánto ha pagado Telecinco a Mediapro para poder ofrecer estos partidos? ¿Ha visto usted las cifras en algún lado? No, ¿verdad? El mundo de la tele se sigue rigiendo por una opacidad que contrasta con la transparencia que exigimos -y muy justificadamente- a los banqueros, y ya no digamos a los políticos. Al final, sólo oímos ruido de trompetas.

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