Soportes
Ídolos José Javier Esparza
M e p arece que ha sido Jorge Valdano quien ha dicho que «el Real Madrid es una superproducción». Como diría don Latino de Híspalis, «¡cráneo privilegiado!». Porque, en efecto, es difícil definir mejor al Real Madrid, especialmente en los últimos años, desde el primer Florentinato. Ahora se ha estrenado el segundo Florentinato y la pauta es la misma: una superproducción. La otra tarde teníamos en pantalla una pieza especial de la superproducción de marras: la epifanía de Cristiano Ronaldo en el estadio Santiago Bernabeu. La ofreció La Sexta el lunes, en directo, en la última hora de la caliginosa tarde madrileña. Un espectáculo gigantesco con ochenta mil personas abarrotando el estadio. Vale la pena reflejar las cifras de audiencia: más de un millón doscientos mil espectadores y una cuota de pantalla del 11,2%. «Entusiasmo» es seguramente la palabra adecuada para definir el fenómeno. Es una palabra griega: puede definirse originalmente como «llevar un dios dentro» y describía el trance de las sibilas al pronunciar sus oráculos. Lo interesante, en el caso de Cristiano Ronaldo, es contraponer el entusiasmo de la atención pública y el acontecimiento que la motivaba: ver durante unos minutos a un señor vestido de corto. Realmente es prodigioso. Vivimos en plena sociedad-espectáculo, lo cual nos hace mucho más vistosos, pero también, me temo, mucho más banales. Que este ídolo se llame «Cristiano» es algo que todavía añade más literatura al acontecimiento. Hace ya muchos años Rafael Gómez Pérez publicó un ensayo, Los nuevos dioses : los medios de comunicación crean un universo de adhesiones y entusiasmos que se caracteriza por dos cosas, a saber, la intensidad (nadie escapa al acontecimiento, al -˜show-™) y lo efímero (pasado mañana nos habremos olvidado). Dicen algunos clásicos que también en la Roma tardía, la de la decadencia imparable, surgían entusiasmos de este tipo ante los gladiadores o los aurigas. Nada nuevo bajo el sol. Bueno, sí: la tele.