opinión | el invento del maligno
Censuras
Qué cosas más raras pasan en TVE. Ahora resulta que le han dado un magacín diario en Teledeporte, y en -prime time-, a Julián Reyes, aquel periodista al que destituyeron por censurar la final de Copa. La presión ambiental para hablar bien de TVE es tan tenaz que a veces uno, sinceramente, cree hallarse ante un espejismo. Así las cosas, yo me voy a limitar a describirle a usted lo que veo y, después, usted ya decidirá si yo alucino o no. Uno: en el curso del partido final de la Copa del Rey de fútbol, TVE ocultó deliberadamente unas imágenes incómodas, esas en las que una multitud de nacionalistas catalanes y vascos abuchearon al Rey y al himno nacional. Dos: por razones inexplicables, esas imágenes, ostensiblemente censuradas en directo, fueron después repetidas en el descanso, en diferido. Tres: como la mano censora era tan evidente, el escándalo público fue de los que hacen época. Cuatro: ante el escándalo, TVE reaccionó destituyendo al jefe de Deportes; la pieza parecía demasiado leve para unas huellas tan hondas, pero en general se aceptó el gesto como muestra de justicia. Cinco: pocos meses después, aquel periodista destituido es devuelto al escenario y con un programa propio, es decir, en condiciones profesionales muy aceptables. Durante este tiempo, desde el cese hasta la reposición, sólo ha habido una novedad en relación con el caso: que los tribunales han dicho que abuchear al Rey y al himno no es delito, sino un sano rito social, lo cual abre expectativas interesantes en nuestras vidas cotidianas, pero no afecta a la resolución del expediente Reyes. Con estos antecedentes, sólo se me ocurren dos conclusiones. Una: TVE quería castigar al periodista señalado como culpable de la censura, pero anda tan mal de personal y de dinero que no ha tenido más remedio que darle un programa propio. Dos: TVE castigó a este compañero porque era la cabeza de turco idónea para desviar las pedradas y salvar al jefe, pero el castigo llevaba implícita la recuperación del estatuto profesional e, incluso, un ascenso cuando llegara el momento oportuno. Habrá, sin duda, quien crea más en la primera opción. Yo, sin embargo, me inclino por la segunda, o sea, que Reyes fue el chivo expiatorio para salvar cuernas de más puntas, y que ahora, enterrado el asunto, al chivo le recompensan haciéndole ciervo. Viejo procedimiento. Pero todo esto nos deja un par de preguntas inquietantes. Una: si el culpable de la censura fue Reyes, ¿cómo osa TVE dar un programa a alguien con historial de censor? Y dos: si Reyes no fue el culpable de censurar una emisión en vivo y en directo, ¿entonces quién fue? Sean cuales fueren las respuestas, la conclusión es la que es: aquella censura ha quedado sin castigo. Elocuente.