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León

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Opinión m. á. nepomuceno

Siempre es gratificante, y sobre todo esperado con interés, ver la música de Wagner en los programas de auditorios y salas de concierto.

En la presente temporada podrá escucharse en León, por vez primera, una ópera completa del compositor de Leipzig, El holandés errante , que el Auditorio ha programado para fechas próximas. Pero antes hemos tenido la suerte, gracias a la Fundación Eutherpe, de poder escuchar en el conservatorio las exquisitas interpretaciones que los pianistas Sofía Melikian y Emilio González hicieron de las oberturas de Maestros cantores, Tristán e Isolde, Tanhäuser y Lohengrin (esta como propina), en uno de los conciertos más originales y concurridos de las últimas temporadas.

Aunque las ofertas de ese día eran tentadoras, con un atractivo jazz en el Auditorio y el fútbol arrasando, sin embargo el público fiel a la música no quiso perderse esta versión para dos pianos que algunos de los incondicionales de Wagner hicieron para mayor gloria del autor del Tristán , y aunque los armónicos, frases y matices no resultan tan impactantes como los que pueden escucharse con una orquesta de 120 profesores, los oyentes en absoluto quedaron defraudados con lo allí ofrecido.

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Tanto Sofía Melikian, a la que los asiduos al piano ya conocen por sus soberbios concierto del pasado año y este en el Auditorio, como Emilio González, un conocido y puntilloso intérprete, perfectamente empastado con Melikian, que corrió, en algunas de las partituras, con la parte orquestal con temple, ataques rotundos y cuidado uso del pedal, algo similar a lo que Sofía sirvió con delicadeza y cuidados matices. Interpretó en solitario, igual que su acompañante, uno de los motivos orquestales de las obras, y pese al acusado desafine del piano de la armenia, en el que las notas agudas sonaban, a veces, demasiado destempladas, sin embargo Sofía supo hacer virtud del defecto y lució un impecable fraseo, apoyado en un pedal justo, y unos ataques medidos y efectistas. Una excelente velada con dos magníficos pianistas que hicieron de la música de Wagner un suculento manjar para los aficionados.