Diario de León
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Opinión | verónica viñas

Era un «trasto», pero no es razón para prenderle fuego. El «kiosco» que plantó la Junta delante del monasterio de San Miguel de Escalada, afeando el entorno y entorpeciendo la vista de esta espectacular joya mozárabe, ha sido pasto de las llamas. Un incendio intencionado. Unos desconocidos rociaron de gasolina el cubo de madera, cuya misión era informar de la historia del edificio y de las obras que se han hecho. Pudo haber sido una simple gamberrada o un acto de protesta por el abandono del edificio. En cualquier caso, el vandalismo nunca tiene justificación. La lluvia evitó que las llamas se propagaran y ardiera el monasterio. Aparte de buscar a los culpables, la Junta debería tomar nota. Ha sido un aviso. El monumento está aislado y es vulnerable. La Junta ha escamoteado obras y presupuesto en el edificio, pero ¿está dispuesta a asumir las consecuencias de un eventual incendio?

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