opinión | cosas de los mundiales
Fútbol-fascio
Dice el gran libro del fútbol que la casualidad no existe en el deporte global por excelencia. Y por ello, las sucesivas selecciones azzurras han mostrado un carácter indesmayable, con defensas que no reparten caramelos precisamente y una lucha llevada hasta el último aliento. Puesto que hoy debuta el equipo transalpino ante Paraguay, es hora de rebobinar la moviola de los Mundiales hasta detenernos en 1934, primer torneo celebrado en la Europa de entreguerras. La Italia fascista de Benito Mussolini llevó a cabo todo un derroche social y económico para lucir las virtudes del régimen, perfectamente reflejado en el cartel anunciador en el que aparecía un hombre fornido, saludando con el brazo en alto a la romana. El partido inaugural resultó toda una declaración de principios por parte de un equipo al que le sobraba oficio en todas las líneas y presumía de una puesta en escena impresionante. Los anfitriones golearon por 7-1 a los Estados Unidos, dándose la curiosa circunstancia de que todos los tantos fueron anotados por jugadores transalpinos, ya que el del honor yankee correspondió a Aldo Donelli, nacido en Nueva York pero hijo de emigrantes italianos.
El Mundial de 1934 supuso el debut de la selección española en una competición llamada a convertirse en el gran show de las emociones en directo. El once hispano reunía un plantel de peloteros frescos y hábiles, con el portero Ricardo Zamora como gran estrella. A él se debió en gran parte el triunfo por 3-1 ante Brasil, ya que detuvo un penalti, primero que se fallaba en un Mundial, al carioca Waldemar de Brito. Los nuestros cayeron en cuartos de final ante el equipo local, después de dos partidos -"el primero acabó en empate y hubo que jugarse un segundo-" significados por unos arbitrajes de escándalo en contra de nuestros intereses. El Duce en persona asistió a la final, ganada por la squadra azzurra a Checoslovaquia tras el agónico gol marcado en la prórroga por Ángelo Schiavio, delantero del Bolonia, que puso punto final a un partido tan vibrante como lleno de épica.