balonmano. Liga asobal

El Ademar fue una avalancha (37-22)

El equipo suma su quinta victoria consecutiva arrasando a un Toledo que aguantó el tipo poco más de diez minutos. Los leoneses se acuestan terceros en la tabla tras la derrota del Valladolid

El central serbio Dalibor Cutura dio frescura al ataque posicional

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georgino fernández | león
León

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Ci ertamente el Reale Ademar fue ayer una avalancha que terminó arrollando a un Toledo (37-22) que dejó claro en el Palacio porqué es el farolillo rojo de la Liga Asobal. Los toledanos sólo pudieron plantar cara al Ademar durante los primeros quince minutos. A partir de ahí, el equipo de Jordi Ribera empezó a funcionar como una maquinaria bien engrasada que se tragó literalmente al conjunto entrenado por el lituano Astrauskas. Amparándose de nuevo en una defensa homogénea y en una portería (defendida ayer por el croata Losert) que va camino de ser una de las más sólidas de la liga, el equipo leonés construyó un acertado juego de ataque que desarboló al rival. Y como premio añadido, se acostó ayer tercero en la liga tras la derrota del Valladolid ante el Granollers de Manolo Cadenas.

El 2-0 con el que se puso arriba el Reale Ademar al inicio en menos de un minuto invitaba a pensar en paliza. Pero el 4-4 del minuto diez ya indicaba otra cosa. El Toledo es el colista de la Liga Asobal pero si se juega sin la intensidad necesaria el camino se vuelve cuesta arriba. Y es que hasta el ecuador de la primera mitad el equipo leonés estuvo un tanto espeso y su defensa no fue tampoco un prodigio.

Fue a partir de ahí cuando el equipo empezó a asentarse y a abrir una pequeña brecha 8-5 merced a un invitado inusual (bien es verdad que ahora menos) en labores atacantes: el pivote argentino Carou que con tres tantos sostenía la renta.

Ribera da entrada a Cutura en el central y el ataque gana en fluidez con el director de orquesta serbio. Con 11-7 en el marcador el técnico lituano del Toledo, Astrauskas, pide el primer tiempo muerto para evitar que su equipo se fuera sentenciado al descanso. Le sirvió de poco. Un parcial de 3-0 de los leoneses y una defensa que no encajó ni un gol en más de siete minutos siguió agrandando la brecha. Y Cutura encandilando. Astrauskas vio que el peligro tenía pasaporte serbio y ordenó una defensa individual sobre él. Pero tampoco. Al final del primer tiempo el 17-8 que reflejaba el luminoso era elocuente.

La segunda mitad se inició con una variante que Ribera está utilizando con frecuencia esta campaña: la del extremo Stranovsky actuando de lateral.

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Pero el encuentro decayó enteros. Nada extraño. Cuando se dobla al rival en el marcador 22-11 en el minuto siete, es complicado mantener la tensión. El Ademar comenzó a gustarse. Un lanzamiento de Stranovsky de cadera que se coló como un misil en la puerta toledana, una asistencia de costa a costa que aprovechó Ortigosa... el partido era un monólogo ademarista.